DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

¡Qué osadía la de Santiago y Juan! Pedirle al maestro que haga lo que le van a pedir. Pero acaso, ¿no tratamos también de excusarnos y justificarnos de la misma manera? “Verás, Jesusito de mi vida”, ¿no podrías hacer que mi esposo, mi esposa haga esto? ¿no podrías hacer que mis hijos sean buenos? y … aquel hermano con el que no me hablo, ¿por qué no tratas de hacerle ver que está equivocado y yo tengo la razón? Al fin y al cabo, nosotros somos tus seguidores y somos capaces de beber el mismo cáliz que Tú. Tratamos de hacer a los demás a nuestra imagen y semejanza, incluso a Dios mismo. Tratamos de que haga y diga lo que queremos, lo que nos conviene. Pero Dios pone primero al otro, siempre. Nadie es como nosotros queremos que sean. Ni siquiera nuestra propia familia, aquél o aquélla con la que nos casamos un día y al, o la que amamos con locura. Si pudiéramos por un momento dejar que el mundo, e incluso nuestra familia ruede alrededor nuestro y pusiéramos la mirada en el otro, en el cónyuge, en el novio/a, en los padres, en …., o mejor si pusiéramos en el centro y el primero a Dios, la vida y sobre todo la familia, se verían de otro color. Todo es servicio, el más necesitado cobra más importancia, es atendido, cuidado, preferido. Entenderíamos al que está a nuestro lado, amaríamos sus cosas, relativizaríamos nuestros problemas para atender mejor a los de él o ella, disfrutaríamos más de lo nuestro.


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