(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
¿Cómo se puede hacer un comentario desde el punto de vista de una familia, de un matrimonio, de esta lectura? ¿Cómo hacerlo cuando lo que te está diciendo claramente es que quien abandone casas, hermanos, hermanas, padres, hijos, por causa de Jesús, está salvado? Y no se trata de “ablandar” el mensaje, o endulzarlo. No, Jesús te dice claramente, que El está por encima de todos, que es más importante que tu marido, que tu mujer, que está primero ante tus hijos, prioritario a tu madre o padre. Quizás podríamos venderlo todo, aunque no ponemos las manos sobre el fuego, puesto que reconocemos que somos pecadores y estamos apegados a muchas cosas, a muchas costumbres, a la vida cómoda que llevamos. Pero aún se pone peor,si pensamos en nosotros mismos, y por ende en nuestros hijos, es decir, a nuestra familia. ¿Cómo equilibrar? ¿Cómo seguir a Jesús con la exigencia y radicalidad del Evangelio y a la vez, estar pendiente de “nuestras cosas”? Es la pregunta del millón. Quizás, reflexionando todo esto, descubrimos, que a veces Dios constituye la primera opción de nuestra vida y que no estamos tan apegados a nuestros afectos como creíamos. Pero lo cierto, es que no es siempre, o quizás solo nos estemos justificando. Una cosa es segura, acercarnos a Jesús, buscarle, preguntarle sin miedo a sus respuestas, eso lo hacemos siempre. En vez de retirarnos tristes como el joven rico, tratamos de descubrir en nuestra vida qué es lo que quiere de nosotros y buscamos su voluntad. Aunque sentimos que somos muy ricos en amor, muy ricos en cariño, muy ricos y agradecidos a Dios por nuestro matrimonio, nuestros hijos, nuestros padres, nuestros hermanos.