(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Tenemos tan poca fe y somos tan escépticos que pensamos que lo que hace Jesús, que parece magia, es cosa de otro tiempo. Ahora, Jesús que no vive en carne y hueso entre nosotros, no hace milagros. A lo más, nos conformamos con que Dios nos haga vivir la enfermedad y la muerte con calma, con templanza, no con resignación, sino confiados en que Dios siempre estará con nosotros para consolarnos en los momentos difíciles. Y es así, pero yo no sé si hemos perdido la fe, esa que mueve montañas, esa que sana definitivamente, la de Dios que dice “Levántate”, la de Dios que grita que es posible curar todos los males. En nuestras familias, deberíamos tener más fe, ante las rutinas de nuestros amores, ante la falta de entendimiento, ante hermanos que no se ven, ni se hablan, ante las actitudes de nuestros hijos, ante la soledad de nuestros mayores. Si fuéramos capaces de buscar a Jesús, entre la gente que se burla de nosotros, entre las dificultades de la vida cotidiana, sacar fuerzas de donde no las tenemos, esas que de repente aparecen cuando El está a nuestro lado y tocarle, tan solo tocarle, con la fe invencible de que nada malo nos puede pasar y, El nos va a salvar, es entonces cuando se obra el milagro. Creamos, existe la magia.