(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Cuando hay amor, uno no se lo queda para sí mismo, sino que lo entrega, lo dona sin límites. Es curioso, como cuando amamos nos comportamos de forma contraria a esto. Nos apropiamos de lo que amamos, lo hacemos nuestro, incluso hasta queremos cambiarlo a nuestra manera, a nuestros intereses, no lo aceptamos como son. No queremos más que estar con él o con ella, no queremos más que tenerlo a nuestro lado, lloramos por su ausencia y nos molesta que los demás lo amen también, porque nadie lo o la quiere más que yo. Así algunos comportamientos incluso violentos en la pareja que, por desgracia, vemos a diario. Sin embargo tanto ama Dios al mundo, tanto ama a su esposa la Iglesia que regala, que dona a su único Hijo. Si ya, en ocasiones, pensar en los cónyuges, novias o relaciones de nuestros hijos, nos da un poco de “pelusilla y de celillos”, imagina dar, con total generosidad, con total disponibilidad, sin guardarme nada de nada a tu hijo. AMOR de verdad y con mayúscula. ¿Somos capaces de amar de esa manera a nuestra pareja?