DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

Hay que ver el poder salvador que tiene tocar a las personas. Cuando nos llenamos de palabras, pero no le damos ningún sentido porque nuestra vida es diametralmente distinta a lo que decimos, lo maravilloso es dejarlas atrás y de verdad, tocar… hacer, acariciar, extender manos. En una pareja, sobran muchas veces las palabras. Acercarte al otro, por enfermo que esté, por dolorido, por enfadado, por herido, aunque no hable, sabes que lo que necesita es que extiendas tus manos sobre él o ella y lo toques, lo abraces. Uno no sabe la fuerza reparadora, la fuerza limpiadora, la fuerza renovadora, restauradora que tiene una simple mirada, un “agarrar la mano”, un “tocar”, sentirse cerca, acompañado, curado por aquel o aquella que tiene a su lado y que lo ama. Jesús lo deja muy claro, toca y se deja tocar, sobre todo por aquellos que nadie toca.


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