(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
En nuestra familia, (nos referimos a la familia amplia, es decir, hermanos y sus familias, amigos y sus familias, etc.) hay algunas situaciones de personas enfermas, con cierta gravedad, o en algunos casos, bastantes graves. Ante estas realidades, lo primero que sientes, o por lo menos, lo que hemos sentido nosotros siendo sinceros, es que lo que has planeado, se trastoca y, parece que todo se convierte en una pesada losa que aguantar y cargar; pero, por otro lado, la vida se llena de pequeños detalles: gestos, llamadas, palabras, llantos, emociones; señas que parecen insignificantes, como las semillas de mostazas, o como la levadura, pero que hacen familia, que alientan, que ayudan a soportar el sufrimiento. Cuando llegue el tiempo de la cosecha, sólo Dios sabe cuando el fruto está maduro, se acordará de esos gestos de amor, de esos momentos de entrega incondicional y hará que brille el sol para quienes, cuidando de las personas que tienen a su lado, han perdido el color en sus caras, por vivir bajo las luces de una habitación de hospital o las luces de la lámpara de las mesillas de cama de los enfermos.