(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Cuando en algunas familias ocurre un hecho desconcertante, alguna enfermedad, alguna muerte, o alguna situación que provoque dolor a algún miembro de la familia, lo primero que se pregunta uno es ¿por qué? ¿por qué a nosotros? ¿qué hemos hecho para merecer esto? Si tratamos de querernos siempre, no entendemos porque se nos castiga de esta manera. Parece que hemos sido sancionados por algo que no entendemos todavía, ni creemos que merecemos. Actuamos como quien juzga al ciego de nacimiento ¿quién pecó? Pero ante las dificultades que seguro, todas las familias, viven y vivirán en algún momento, es importante, sentir que Dios nunca juzga, no le preocupa lo que hacemos, ni lo que hemos dejado de hacer, lo único que hace es curar a quiénes confían en El. Aunque es fácil hablar, rogamos siempre, porque seamos nosotros los que pongamos nuestro corazón en el Señor, pase lo que pase, y sintamos que tras la pasión y la muerte, está la vida, que tras la ceguera, si lo amamos, si le suplicamos que nos salve, nos dará la luz. Pedimos luz para todas las familias, que viven en la oscuridad, especialmente para los ancianos y los enfermos de nuestras familias.