DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

Hay veces que no tenemos claro qué es lo que estamos esperando, entre el traje de pastor de nuestro hijo, plantar el alpiste para ponerlo en nuestro nacimiento, el belén viviente, vender flores de pascua para la experiencia misionera y otros menesteres más profanos a los que uno se consagra en estas fechas, entre éstos y otros…., en casa hemos puesto una corona de adviento, con sus cuatro velas. Deseábamos tener este símbolo porque, en realidad, no deja de ser eso un adorno más, aunque esta vez del adviento, pero que nos sirve para recordar a quién estamos esperando. Cuando acostamos a los niños, aunque cansados del trajín del día, encendemos las velas que corresponden y aunque también lo hacemos con ellos, (es curioso cuáles son las intenciones de los niños al encenderlas), nosotros, esposos, tenemos un tiempo de silencio, de calma, de espera, de paz, de pedir a Dios, que nos haga preguntar día tras día, si de verdad, es a El a quien esperamos o quizás estamos esperando a otro… Es un momento maravilloso, aunque breve, hondo y acogedor y nos encanta. Quizás no tenga que ver directamente con la lectura de este domingo, pero es algo que vivimos y es nuestra Buena Noticia en estos días.


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