(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Jesús se aparece en la cotidianeidad, en los momentos más sencillos y es más, es capaz de confiar en aquél que un día traicionó. En el día a día de nuestra vida, en nuestras tareas, en nuestras rutinas, en las comidas, en las cosas más sencillas de una familia es donde encontramos signos de su resurrección. Cuando los hogares, cuando los matrimonios, cuando las familias, viven en comunión, en alegría, con sencillez, allí está el Señor, pero ninguno nos atrevemos a decirlo. Además Jesús le pregunta algo tan maravilloso como si lo quiere, si lo ama. Cuántas veces preguntamos a nuestro cónyuge si nos quiere. Y cuánta veces nos “quitamos de encima” a nuestro esposo o esposa, diciéndole que sí a regañadientes, pero qué bonito, es decir, muy a menudo que amamos a la persona, no sólo sentirlo, sino decírselo, repetírselo.