(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Hay cosas que no entendemos con nuestra limitada mente, con nuestro limitado conocimiento o con nuestro mediocre, pero maravilloso corazón. Cuando te comprometes y amas al otro, siempre dices que es hasta que la muerte nos separe, pero hay parejas, entre ellos nosotros, que creen que el amor es eterno, que está por encima de la muerte y, es más, hay cónyuges viudos, que viven con la esperanza de que algún día volverán a encontrarse, en “la otra vida”, con sus seres muy queridos. Nos negamos a vivir, pensando que el amor expira, que el amor tiene fecha de caducidad y que esta fecha es la muerte. Amamos, sintiendo que el amor es para siempre y nunca pasa, como Dios nunca pasará. Y de repente, aparece esta lectura que “parece” que dice lo contrario, desde nuestra pequeña y discreta mentalidad. Pero una cosa sí tenemos seguro, que confiamos plenamente en Dios y El nunca nos defrauda y que nuestro amor y nuestro matrimonio se basa en su amor y misericordia infinita, por eso, ¡qué más da!, ponemos nuestro corazón en sus tiernas manos y esperamos vivir para siempre en su amor, porque nuestro Dios es un Dios de vivos.