DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
A pesar del interés que se pueda tener para decir “lo siento”, nos maravilla la actitud del padre, perdonando siempre, sin condiciones. En las relaciones de pareja, en los matrimonios, es muy difícil, perdonar de esta manera ciertas cosas, (esto es al menos los que nos han dicho algunos matrimonios). Es curioso que, lo que vale para los hijos, (qué madre o padre no es capaz de abrir el corazón cuando un hijo vuelve a ellos y pide su ayuda), lo que vale también para los padres y madres (que aunque no sean los padres perfectos, sin embargo son los mejores padres del mundo que se puedan tener o haber tenido) y lo que también vale para los hermanos, (quien no ha sufrido las peleas más terribles con sus hermanos y después si algo pasa, somos los primeros en acudir en su ayuda; o quien no ha terminado abrazado y con lágrimas en los ojos a un hermano); para los matrimonios no vale, o, desde luego, no para todos los matrimonios. En ocasiones, se considera a los cónyuges extraños. A algunas personas mayores, les he oído decir que son “piojos pegados”, pero que no forman parte de la familia. No estamos de acuerdo. Cada uno de nosotros somos los primeros para el otro. Y si tuviéramos que alegrarnos por alguien que vuelve a nuestro lado, después de un tiempo perdido, después de un momento de crisis, de dolor, para quien está siempre el cartel de “no se cierra nunca” es para el corazón del amor de nuestra vida, es para cada uno de nosotros. Pidamos al Dios de la misericordia, del amor incondicional, que nos haga sentir siempre esta entrega entre nosotros.