DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

Sé que parece obvio, sencillo y natural que, en un matrimonio, el primer prójimo sea el otro cónyuge. Para los esposos, es fácil ocuparse del otro, cuidarle, vendarle las heridas y gastar lo que sea necesario, dinero, tiempo, amor, generosidad, vida para atenderlo y ser misericordioso. Sin embargo, hay ocasiones en donde se torna más difícil y por ello también, más maravilloso hacer vida esta Palabra en el matrimonio. Es el caso de unos esposos que llevan muchos años casados, ella está gravemente enferma, una enfermedad que la deja sin razón, sin recuerdos, sin memoria, en donde no reconoce al que siempre ha sido el amor de su vida y sin embargo, él la cuida, la ama y la protege, a pesar de lo ingrato que es, como si fuera la primera vez que la vio, la primera vez que le prometió que la amaría en la salud y en la enfermedad, todos los días de su vida. Es una situación que nos alienta, que nos pone los pelos de punta y nos hace sentir que Dios es la unión indestructible que une a esos esposos. Sólo pido que en las circunstancias de nuestra vida, como matrimonio, si alguna vez, nos vemos malheridos, feos, cansados, llenos de las arrugas que dan los años y sus sinsabores, que cuando la vida nos muela a palos, no demos un rodeo, sino que actuemos de la misma manera que ahora lo hacemos, es decir, que sea obvio, sencillo y natural amarnos.

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