DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

Muchas veces tenemos que reconocer que a quien más queremos es a uno mismo. Del amor que nos sobra, lo damos a quienes más queremos, probablemente familia, amigos, compañeros, en ese orden más o menos. Y si acaso nos sobrara algo, lo dedicamos a los “otros”, a los que no conocemos, a los más desfavorecidos, de forma puntual normalmente. Sabemos que estas generalizaciones son injustas, que muchas veces donamos a los demás, a todos, no lo que nos sobra, sino lo que tenemos. Y es curioso, como el amor es lo único que se te devuelve multiplicado cuando lo donas todo. Reflexionando a quién donamos todo nuestro amor, a quién nos damos del todo son nuestros hijos, por la edad en la que están, los destinatarios casi de toda nuestra vida. Quizás nuestros mayores son con los que menos paciencia tenemos y a los que damos más sobras. Y en cuanto a nosotros, nuestro matrimonio, lo, tenemos que tener muy presente el ser generosos el uno con el otro, porque la confianza, el vivir lo mismo, el disculparnos o justificarnos, hace que nos regalemos solo lo que nos sobra, aunque es un tiempo de calidad, tenemos que buscarnos, cuidarnos, y “echar todo lo que tenemos para vivir”.


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