(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
El AMOR es el motor del mundo. Y de la familia. Nuestros hijos, que están “al loro” de todo, tienen que percibirlo. Aunque sólo vean la punta de un iceberg que queda oculto a su ingenuidad, ya que no se percatarán del esfuerzo que hay detrás de una mesa puesta, una casa recogida, un uniforme planchado, un carro de la compra del supermercado, un apoyo en la tarea de clase o un rato de escucha en exclusiva, seguramente, hasta que les toque a ellos como padres.
Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.
Las cosas se hacen a veces, inevitablemente, rozando la desesperación propia del agotamiento. Pero cuando se hacen desde la perspectiva de que Dios es un miembro más de la familia, incluso en esos momentos extremos, cobran una especial trascendencia.
Una vez más sale a relucir la educación en el ejemplo, en la coherencia, en el entendimiento en la pareja educadora y con la mirada puesta en el Señor.