Domingo 16 de agosto de 2026
EVANGELIO DEL DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO A
“ABIERTO POR VACACIONES”
Los seglares que comentan el Evangelio cada domingo, se toman un descanso.
En septiembre se reanuda el servicio habitual.
En AGOSTO ofrecemos cada semana algunos comentarios realizados
mientras se disfruta de las vacaciones y en referencia a ellas.
Lectura del santo evangelio según San Mateo 15, 21-28
En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.
NOTAS BÍBLICAS
San Mateo recrea una historia que copia a San Marcos 7, 24-30 (un texto que no viene en la liturgia de su ciclo). De ella, repite el refrán judío que ponen en boca de Jesús: “No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perros“, muestra del desprecio que sentían hacia los que no compartían su fe. Los evangelistas suavizan la expresión con la que llaman a los paganos, poniéndola en diminutivo: “perritos”. La referencia al pan nos hace conectar con la multiplicación de panes realizada por Jesús hace dos domingos: ya ha sido ofrecido a los hijos; pero los hijos, representados por los fariseos, han rechazado el pan de Jesús, como muestran los versículos primeros del capítulo 15, que la liturgia se ha saltado respecto al domingo pasado.
Jesús está caminando, no en una casa como en san Marcos, cuando se presenta la mujer pagana -cananea-. Entonces san Mateo crea una tensión con tres negativas de Jesús: primera, no contesta a los gritos de la mujer que va tras ellos; segunda, se niega a ceder cuando sus discípulos interceden por ella; y tercera, se niega con el refrán dicho cuando ella se pone delante de Él y se postra.
En sus gritos, la mujer lo llama “Señor Hijo de David”, lo cual implica reconocer en Jesús al Mesías esperado, descendiente del rey David.
En la segunda negativa, Jesús se excusa afirmando que «solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Aunque ya ha curado a un pagano antes, el criado de un centurión romano en Cafarnaúm (capítulo 8), es cierto que da el mismo criterio cuando envía a sus Apóstoles, cinco capítulos antes: “No vayan a regiones paganas… vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel” (10,5-6). Criterio que Jesús cambia tras su resurrección: “Jesús se acercó a ellos y les dijo: Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced mis discípulos a todos los habitantes del mundo” (28, 18-19).
En la tercera negativa, en ambos evangelistas la mujer replica a Jesús: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos», y es entonces cuando es curada su hija. Ante esta respuesta, san Mateo introduce un comentario de Jesús que no viene en san Marcos: «Mujer, qué grande es tu fe». ¿En qué ve Jesús esa grandeza de la fe de la cananea? Es difícil determinarlo, pero se corresponde con la alabanza que hizo al otro pagano, el centurión de Cafarnaúm: “De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe” (8,10). Tampoco en los versículos precedentes encontró fe en los fariseos, como tampoco la tuvo san Pedro en el evangelio del domingo pasado, cuando Jesús tiene que sacarlo del agua a la vez que le dice: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» (14,31). Las dos súplicas que había recibido Jesús eran similares: «Señor, sálvame» cuando san Pedro se hundía en el agua (14,30) y el «Señor, ayúdame» de la pagana; pero distintas las calificaciones que recibe la fe de cada uno por parte de Jesús.
DESDE LA PLAYA
(Hombre, casado, tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)
Jesús vuelve a necesitar el silencio y se marcha a un país vecino, después de días de multitudes y ruido se marcha a descansar por poco tiempo.
El verano es tiempo también de retiro, como Jesús, necesitamos salir de nuestro día a día, pero si hay algo que enseña la Palabra de este Domingo, es que a pesar de retirarse sigue dando ejemplo, sigue evangelizando.
Como digo muchas veces el cristiano no “veranea”, podemos estar disfrutando y descansando, pero nuestro yo, nuestra identidad cristiana permanece, y debe notarse en todo lo que hacemos. No hacen falta grandes gestos, sino simple actitud en el día de a día, ser luz en los detalles, en las palabras, en el ejemplo, en la moderación.
Es duro Jesús en el evangelio, pone a prueba a la mujer extranjera (hasta en tres ocasiones), la llega a tratar con crudeza, pero la fe puede con todo, no mira nacionalidades, es universal y cuando es libre y auténtica Dios aparece como siempre dando todo lo que tiene, en este caso vida. Llama la atención como Jesús provoca incluso a sus apóstoles que le reprenden un poco, enseña a cada paso, a que no callemos, incluso en tiempos en los que creamos que hay silencio de Dios, él está presente esperando también nuestra queja amarga. La fe a prueba, día a día, paso a paso.
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