(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)
En el Evangelio de hoy Pedro afirma con palabras correctas y espectaculares una convicción. Y Jesús le muestra como esas palabras pueden no servir de nada, o incluso como pueden oponerse al plan de Dios, si quien las pronuncia no es un verdadero creyente, que vive lo que cree y por eso sabe lo que dice. A veces también nosotros somos “malos creyentes” que queremos a un Dios “como debe ser”, y no al que es, con unos caminos que no son los nuestros.
“Querer salvar nuestra vida”, en momentos socialmente duros como los que vivimos, en medio de esta crisis económica y de valores, equivaldría a intentar situarnos por encima de los demás, a querer escapar de la dureza de las situaciones difíciles mediante el dinero, el prestigio o el poder, encerrándonos en definitiva en nosotros mismos.
Frente a ello, Jesús nos propone entregar nuestra vida, “perder nuestra vida por Él y por el Evangelio”. O lo que significa lo mismo, negarnos a nosotros mismos y cargar con nuestra propia cruz, caminando en solidaridad y comunión con las demás personas, especialmente con quienes más nos necesitan.
Yo le doy gracias al Señor por habernos llamado, uno a uno, a seguirle en su camino, y le pido que nos ayude a sentirnos guiados por Él que ya ha salido victorioso de ese camino, para que no sintamos nunca que andamos a tientas cuando entregamos nuestra vida por amor.