Desde la Playa

(por hombre, casado, con tres hijos, trabajan ambos, en vacaciones)

Estamos en crisis, es evidente, pero no sólo en la económica, hay otra gran crisis que lleva gestándose más tiempo, y que nos está sumergiendo en el relativismo más absoluto; es la crisis de valores, la crisis de la falta de creencias, el alimentarse de otras cosas que finalmente no sacian, la crisis de antorchas que alumbren, las crisis de referencias que “muevan” realmente el mundo, en definitiva la crisis del amor, como resumen del mensaje de este Domingo. Creo recordar que el año pasado ya os comenté lo asombrado que se queda uno cuando acude a misa en verano, y observa la edad media de los que allí estamos, es para pararse a pensar un rato.

¿Qué ocurre? El pan de la vida se queda en la Iglesia, cada vez menos son los se acercan a alimentarse de él. Algo habrá que cambiar, nosotros por nuestra parte tendremos que realizar el milagro de compartir el pan que hemos comido, con aquellos que no lo han hecho, tendrán que notar “algo”, lo que sea, aunque estemos en la playa, en el monte o en casa con nuestra familia.

Nuestra Iglesia tan querida por nosotros y tan odiada por la mayoría de los poderes que influyen, deberá (deberemos) reflexionar sobre todo esto, porque la BUENA NOTICIA debe llegar a todos, para ello habrá que quitar las ramas que nos impiden contemplar la esencia, y de este modo conseguir que la Iglesia se muestre en su verdadera raíz, tarea complicada pero que algún día tendrá que comenzar, no nos quedemos contemplando.


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