(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
Como la mayoría de las cosas más maravillosas, se presentan de lo más sencillo: una cena, una comida, una tradición, un reunirse para celebrar, una acción de gracias. Desde el amor incondicional de María hasta la amistad llevada a la última esencia con la muerte de Jesús, toda la Palabra presenta tantos gestos de amor, tan sencillos, tan bonitos, tan cercanos, tan humanos. ¿Cuántas veces nos reunimos para celebrar la familia? ¿Cuántas comidas? ¿Cuántas cenas entre amigos? Nosotros como pareja, solemos celebrar juntos ocasiones, aunque no sean especiales. Se trata de preparar la habitación, el salón (nuestra sala grande, aunque no está en el piso de arriba, porque todo está en el mismo nivel), poner un mantel y comer pan y queso como si fuera el mejor de los banquetes. Qué maravilloso poder del amor, convierte un momento cotidiano y sencillo en el mejor acto de generosidad que nunca ha tenido el hombre. Que nuestras celebraciones, por simples que parezcan se conviertan en símbolos de amor, en símbolos de disponibilidad, en darse sin contemplaciones, sin dobleces, sin guardar nada de sí, al otro, a nuestras familias, a los demás.