ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?

(hombre, 3 hijos, trabaja, pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Para el Señor, nada hay escondido. Él sabe el sentimiento más profundo con el que hacemos las cosas. Todo lo que se aleje del amor de Dios y del hermano, está fuera de lugar. Quizás nos resulte un poco penoso cuestionarnos estas cosas cada vez que hagamos algo, pero es una dinámica que, a medida que nos acostumbramos a hacer este esfuerzo de discernir en cada momento si realmente ayuda a dignificar al prójimo o si me acerca o no a Dios, iremos educando nuestra conciencia a hacer las cosas, no porque sí, sino porque tiene su sentido.

Hace tiempo, visité una casa donde convivían personas que intentaban crear un ambiente de amor recíproco y crear así un pequeño anticipo del Reino de Dios en la tierra. Para tenerlo más presente, en diferentes sitios de la casa, te podías encontrar letreros donde rezaba “Hazlo por amor”. Al entrar, junto al espejo de entrada, había un cartel, en la cocina, en el comedor, en los dormitorios, en la salita de descanso o de televisión…hasta en el cuarto de baño!!. Me impresionó aquello porque es verdad que todo se puede hacer con un sentido sobrenatural, y ellos, esa temporada querían que, al menos en casa, reinara ese sentimiento último. De nada sirven por tanto las parafernalias, los ritos pomposos, las apariencias…

Jesús aprovecha el hecho de la pequeña limosna de la viuda para poner en valor delante de los apóstoles y por ende, delante nuestra, la gran importancia de la calidad versus cantidad. Él quiere que hagamos las cosas con calidad, plenas de sentido, con el corazón y la mente puestos en ello, aspirando a un bien supremo, sobre todo que esté cargado de amor al prójimo. ¿De qué nos sirve enfrascarnos en mil cosas si se nos escapa el porqué de su fin último, el objetivo de amor al prójimo?.

Además, nos hace un llamamiento a valorar a cada uno, no por sus apariencias o por las muchas cosas que hace, sino por cómo las hace, con los pies bien firmes en la tierra pero arraigados en una fe profunda como la que vemos en los santos. Nuestro ejemplo hacia los demás sería mucho más valorado si nos vieran hacer las cosas con más calidad que cantidad. Intentemos también en nuestras relaciones con los demás, que demos un salto de calidad, que lleguemos a profundizar en la relación con el otro, que nuestros momentos de oración sean, no tan largos, pero de más intimidad con el Señor. El ejercicio de esta semana, por tanto es MEJOR CALIDAD QUE CANTIDAD.


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