¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor Jesús, que plenificas nuestra aspiración fundamental de amar y ser amados,
que no caigamos en la tentación de que lo circunstancial
nos ciegue ante lo esencial,
en la tentación de romper lo que tiene a la unidad,
en la tentación de creernos en posesión
de una tabla de nítidos logaritmos,
envueltos en incienso,
hacia la santidad.
Señor Jesús, que no separemos tu Espíritu de la ley,
los ritos de la fe,
nuestras biografías de la fuente que siempre está ahí,
aquí,
en nuestro plexo solar…
alimentándonos,
fortaleciéndonos,
sosteniéndonos,
tan a mano,
tan accesible,
tan auténtica.
Señor Jesús, por ti tenemos una gran certeza:
donde hay divisiones no puede vivificar tu Espíritu,
donde hay justicieros no puede crecer
el misterio del amor y de la vida que crece,
donde hay deseo de controlarte,
urden sus mentiras idolatrías revestidas de dureza de corazón.
Ninguno de nosotros podemos evadirnos de esta tentación
que subyuga desde los siglos de los siglos
a los que tienen miedo de la libertad, del amor y de la autenticidad.
Somos pecadores, hijos de pecadores.
Señor Jesús, por ti podemos caminar con la libertad de los hijos de Dios,
por ti podemos superar la idolatría de ajustar la vida
a prescripciones claras y distintas
para no tener problemas de conciencia
y así sentirnos controladores,
poderosos
y mucho mejores que los demás.
Señor Jesús, por ti reconocemos que todo lo santo
tiende a la unidad,
que todo lo de Dios nos lanza a generar comunión
de cuerpos y biografías,
que todo lo del Reino es una llamada
a superar nuestra mezquina tendencia
a separar,
a romper,
a escindir…
a señalar,
a estigmatizar,
a rechazar
a aquellos que rompen nuestros esquemas
de control y de inexorables definiciones
que matan el misterio del amor y de la vida de los hombres.
Señor Jesús, desarticulas nuestras trampas farisaicas,
nuestras trampas ingeniosas de hombres y mujeres
que nos creemos muy listos y muy buenos,
nuestras trampas de seres que nos creemos religiosos…
pero que andamos muy lejos de lo esencial del corazón,
lo esencial que está siempre en lo cotidiano,
en lo elemental,
en lo sencillamente sencillo,
como en la vida de los niños…
(¡Cómo me gustaría que mi fe
fuera como es la vida de un niño…!
Como si jugara constantemente,
como si confiara constantemente,
como si aprendiera constantemente.)
Señor Jesús, que nos impulsas a profundizar
en lo mejor de nuestra milenaria sabiduría religiosa,
en lo mejor de las intuiciones del corazón sediento de comunión,
en lo mejor de la experiencia religiosa
de los mejores de creyentes del Pueblo de Dios.
Señor Jesús, que incansablemente nos lanzas
a renovar nuestra fidelidad a la fuerza de Dios
que impulsa la realidad, la historia y la biografía de cada uno…
renovación que nos rompe los esquemas,
renovación que nos lanza a la aventura de la purificación de la fe,
renovación que nos hace raros entre nuestros contemporáneos…
… que nos hace creyentes que no pueden abandonar
la fascinación que surge de tu cercanía,
de tu presencia,
de tu misterio…
Señor Jesús, haznos apóstoles de la unidad allí donde estemos.
Señor Jesús, haznos artesanos de la unidad
en todas nuestras relaciones personales y sociales.
Señor Jesús, haznos cuidadores inteligentes
de los mejores vínculos que tenemos,
los vínculos con nuestros compañeros,
los vínculos con nuestras amistades,
los de nuestra familia,
sangre de nuestra sangre.
Señor Jesús, que vemos el mundo como tú lo ves:
como un camino de unidad,
como una mesa de unidad,
como una utopía de fraternidad,
de integración,
de crecimiento,
de vitalidad sin fin,
vitalidad que empieza en ti,
y que se plenificará en ti,
cuando nuestros cuerpos y corazones,
cansados,
sedientos
y tan frágiles
descansen en Ti.