¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ACCIÓN MISIONERA
(mujer, casada, trabaja, 2 hijas, responsable de ONG-D, pertenece a comunidad y movimiento seglar)
Acaba el verano, comienza un nuevo curso escolar y pastoral… y vuelven las rutinas; muchas veces con las pilas cargadas, pero otras con la sensación de que me faltan las fuerzas o de necesitar aliento para comenzar de nuevo. Eso es lo que he sentido que nos regala el Señor con el Evangelio de este domingo, porque no son mis fuerzas y mis capacidades, sino las suyas; él… él es quien “hace oír a los sordos y hablar a los mudos”, él es mi aliento.
Y esta misma sensación la vivimos continuamente desde el ámbito de ayuda a las misiones. Cuantas veces de la nada, Dios saca la vida y la esperanza; cuantas veces el Señor, por medio de la solidaridad de tantos hermanos, reconstruye hogares, permite el estudio y la superación de jóvenes de todos los continentes, da oportunidades y mejora la vida de nuestros pueblos hermanos; cuantas veces “todo lo ha hecho bien”.
Señor, te ruego para que también mires al cielo por nosotros y nos regales tu Espíritu, para oír, ver y trasmitir tu Palabra en este nuevo curso, en nuestras familias y en nuestra vocación misionera.
DESDE LA FAMILIA (2009) “En el año Familia Amoris Laetitia”
(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
La falta de comunicación es uno de los problemas graves en una pareja. Cuando tenemos miedo de decir lo que sentimos, o cuando no tenemos, ni buscamos tiempo para hablar y comentarnos las cosas que vamos viviendo, que nos va pasando, o simplemente para estar juntos, nos volvemos sordos y mudos. En todos los medios de comunicación ha salido la noticia de la cantidad de divorcios que se dan en Septiembre, después de períodos vacacionales; la causa, según los expertos: el tiempo que pasan juntos. Mientras que para nosotros es una bendición, porque precisamente podemos estar juntos todo el día, hablándonos, mirándonos, escuchándonos, disfrutando de la presencia de nuestra familia, sin embargo, para muchos matrimonios, ésa precisamente parece ser la perdición. Sordos y mudos, no se han abierto nunca al amor, a su pareja y mucho menos a Dios. Miremos al cielo y pidamos a Dios que nos imponga las manos, que nos abra los sentidos en nuestro matrimonio, en nuestra pareja, en nuestra familia, pero sobre todo que nos abra el corazón.