¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor Jesús, sabemos que nos harás revivir.
La Palabra nos dice que nos sacarás del abismo.
¿Cómo interpretar la dureza de la vida como camino de salvación?
¿Cómo confirmar que nos encaminamos a la vida?
¿Cómo saber que nuestras heridas no son la última palabra?
¿Cómo superar el pesimismo y el fracaso?
¿Cómo no huir?
¿Cómo no maldecir?
¿Cómo no blasfemar?
¿Cómo saber de verdad que no estamos solos,
que no somos una insignificancia cósmica,
que nos disolveremos como una ínfima brizna bioquímica?
El abismo no es la muerte.
El abismo es caminar a la intemperie,
con sed…
una sed que surge
de nuestro corazón herido.
Para esta sed
hace ya mucho tiempo
que no nos valen
las palabras ampulosas,
traducidas cortesanamente
de un rancio latín.
Señor Jesús,
no escuchamos hablar
de nuestra fe en Ti
con palabras reales,
significativas,
luminosas
para nosotros
y para quienes nos rodean…
… con palabras vigentes
que den esperanza
auténtica…
Señor Jesús,
¿dónde los santos?
¿dónde los profetas?
¿dónde los testigos
que nos señalen
caminos transitables
y humanizantes?
Señor Jesús,
vivimos hastiados de ruidos,
de masas desvertebradas,
de muchedumbres solitarias.
Señor Jesús, siléncianos.
Que no nos hablen nuestras tinieblas.
Que no nos usurpen los ladrones de atención.
Señor Jesús, cálmanos.
Que no nos azucen nuestras angustias.
Que no nos paralicen nuestros picos de estrés.
Señor Jesús, apaciéntanos.
Que no nos asusten nuestras maldades.
Que no nos ahoguen las estructuras de pecado.
Señor Jesús, recomponnos
en estos tiempos de decadencias eclesiásticas
de palabras clericales tan viejas,
de ritos rígidos tan poco significantes,
de edificios religiosos
enormes,
vacíos,
craquelados…
recomponnos
en estos tiempos tóxicos
de criptomonedas,
de sindemias,
de megaciudades invivibles
y humillantes…
recomponnos
entre tantos miedos,
entre tantas crisis,
entre tantos absurdos…
Señor Jesús,
que sintamos
tus manos
sobre nosotros.