¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor Jesús, ábrenos los ojos para intuir en lo pequeño y cotidiano
la presencia sorprendente de tu Reino,
sin prisa, sin pausa.
Señor Jesús, agudiza nuestro instinto para el bien
y así poder captar tanto y tanto
de bueno y de santo que hay en el corazón
de quienes nos encontramos en la vida,
tan humanos,
tan hijos de Dios,
tan imagen misteriosa
de tu ser en la humanidad.
Señor Jesús, haznos capaces de asombrarnos ante nuestra capacidad
de acoger los dones de la vida en el día a día,
dones imprescindibles
para irradiar
la buena noticia
de que es posible
una fe,
una esperanza
y una caridad
que nos humanicen plenamente,
que sacien nuestra sed de autenticidad
y sosieguen esos miedos
que arañan nuestras entrañas.
Señor Jesús, expande nuestra sensibilidad
para ver en la lentitud cotidiana la fuerza última de tu Reino,
esa fuerza que fundamenta e impulsa
todos los dinamismos de la realidad
en los que estamos implantados,
en los que germinamos
y por los que podemos dar frutos
que muestren que lo mejor de nuestra humanidad
es tu amor y tu cuidado desbordante.
Señor Jesús, purifica nuestra inteligencia
para que descubramos los signos de tu poder
en lo humilde,
en lo sencillo,
en la inocencia,
en lo lento,
en lo que se está gestando,
en lo frágil
pero misteriosamente
palpitante de vida en abundancia.
Señor Jesús, ante Ti,
asombro de poder optar
por la humildad constantemente.
Como Tú.
Señor Jesús, ante Ti
asombro de poder comunicarnos
y constatar la fraternidad última y diaria que nos define.
Como Tú.
Señor Jesús, ante Ti
asombro de poder cuidar
la vida en los detalles de nuestras relaciones sociales.
Como Tú.
Señor Jesús,
ante Ti,
asombro ante la gratuidad esencial
de estar vivos cuidándonos unos a otros.
Como Tú.
Señor Jesús, ante Ti,
asombro ante la confianza última
que nos ofreces con tu presencia en nuestras vidas.
Confianza
en que
todo acabará bien.
Señor Jesús,
que ralenticemos nuestras vidas
para saborear de verdad los síntomas humildes
de tu Reino
en nosotros,
en los nuestros,
en los que nos rodean,
en lo que nos pase, sea lo que sea.
Señor Jesús,
donde hay avidez insaciable
no estás Tú ni tu Reino.
Señor Jesús,
donde hay prisas
que avasallan
no estás Tú ni tu Reino.
Señor Jesús,
donde hay ostentación
egocéntrica
no estás Tú ni tu Reino.
Señor Jesús, no somos constructores de tu Reino.
Es tu Reino el que nos construye…