DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

Nuestra forma de intentar educar es como la de un labrador: sembramos valores, ponemos un tutor para que vayan creciendo derechos, podamos asperezas, limamos aristas, regamos con el ejemplo, y a cierta edad ya son independientes como esquejes que crecen sin problema. Cuando seguimos a Jesús es diferente. Si no nos alimentamos de su savia, si no permanecemos en Él, si no dependemos de Él, no podemos alimentarnos y crecer. Cuando todo va bien qué fácil parece caminar por la vida: el camino es ancho y recién asfaltado. Empiezan a surgir dificultades: sobrecarga en el trabajo, adolescencia de los hijos, “la crisis de los cuarenta”, recortes presupuestarios, enfermedad de un familiar, y aquel camino se convierte en una vereda por la que ni las cabras saben avanzar. Con un poquito de fe veremos que siempre nos acompaña Jesús: “Permaneced en mí y yo en vosotros”.


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