¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
¿Por qué surgen dudas en vuestro interior?
Señor Jesús, el Resucitado:
no puedo no dudar.
Vivimos tiempos extraños, neblinosos, llenos de miedos.
¡Paparruchas y paparruchas!
¿Dónde encontrar caminos de certezas?
¡Acompáñanos!
¡Ábrenos los ojos y el corazón!
¡Haz de nosotros ángeles de veracidad!
Señor Jesús, el Resucitado:
no puedo no tener miedo.
Hay muchas incertidumbres a corto, medio y largo.
Salud, trabajo, tensiones políticas.
¡Inestabilidad de inestabilidades!
¡Sé aún más nuestra roca!
¡Sé aún más nuestra piedra angular!
¡Sé, aún más el fundamento de nuestra vida!
¡Haz de nosotros ángeles de sabiduría!
Señor Jesús, el Resucitado:
no puedo no tener ansiedades.
Hay dentro de mí,
dentro de nosotros
vacilaciones…
Tenemos fe,
pero a medio gas.
Tenemos compromisos,
pero muy medidos.
Rezamos,
pero buscamos comodidad.
¡Estamos muy cómodos en nuestras zonas de comodidad!
¡Señor Jesús, rompe las cadenas,
nuestras cadenas,
las que nos ponemos
a nosotros mismos…!
¡Señor Jesús,
somos ángeles con grandes alas de cadenas!
Señor Jesús, el Resucitado:
infundes siglo tras siglo
el Espíritu Santo
en nosotros,
en la Iglesia,
en el mundo,
en el cosmos…
Señor Jesús:
tienes las palabras que han dado
sentido, significado y sensibilidad
a todas las generaciones de testigos
y sembradores que nos han trasmitido la fe.
¿A quién iríamos sino a ti, el Resucitado
para seguir sembrando humanidad,
de esa humanidad iluminada
por tu gracia,
por tu vida,
por tu santidad.
Señor Jesús,
¡Libéranos,
apóyanos,
acreciéntanos
en lo mejor de nuestra humanidad
para seguirte y proseguir
tu obra de humanización,
de liberación,
de santificación!
Aleluya.
Aleluya.
Aleluya.