(hombre, recién casado, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica)
De qué forma tan sencilla se aparece Jesús a sus discípulos. Alejado de todo boato, se les presenta “en la empresa durante la jornada laboral”. Y es que Jesús no ha cambiado, pues aún hoy en día sale a nuestro encuentro en los quehaceres, en lo cotidiano. Pero querría destacar dos hechos del evangelio de esta semana; el primero, que el encuentro con Jesús siempre trae algo positivo: sobreabundan los peces, y el segundo, la paz y la alegría que se adivina en el almuerzo compartido. Tomando como base lo anterior, me viene a la mente esa frase tantas veces oída de: “A Jesús se le encuentra en el pobre”. Y me he acordado de ella porque es el lugar donde más fácilmente me encuentro con Jesús. Así, si hiciese un paralelismo con el evangelio, las calles serían mi Tiberíades, mis compañeros los díscípulos y, lo que es más importante, los indigentes serían el rostro de Jesús. Pero al igual que en la lectura, mi experiencia estaría incompleta si no mencionase el almuerzo, ya que la vivencia de la sobreabundancia, de la paz y de la alegría, sólo cobra sentido cuando soy capaz de compartirla en la eucaristía y desde la oración.
DESDE LOS SIN TECHO
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