SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

a violencia y el enfado no son actitudes con las que yo identifique a Jesús, sin embargo en este evangelio saca a relucir esas dos maneras que por otra parte son muy  humanas. ¿Cómo actuaríamos nosotros si unos ocupas se metieran en la casa de nuestros padres  mientras  están ausentes y la destrozaran?, seguro que palmaditas en el hombro no le daríamos. La casa de su Padre  es el lugar de encuentro de los hombres con Dios y lo han ocupado y convertido  en un monopolio comercial, en un lugar farragoso y anárquico, entiendo perfectamente su actitud. Me viene a la cabeza el texto de otro evangelio que dice que nosotros somos templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en nosotros, si somos templo somos el lugar donde  Dios habita, por  tanto, también nosotros somos o deberíamos ser un lugar de encuentro  de los hombres con Dios y deberíamos tener mucho cuidado  con el uso que le damos y me pregunto  ¿Cómo está nuestro templo?,  ¿Cómo está mi corazón?  A lo mejor está  desordenado y hecho un poco desastre, puede que  no ayude a otros a encontrar  a Dios, o quizás todavía  pesa demasiado el  interés en nuestras relaciones personales, o peor aún  ponemos precio a nuestras acciones, mercadeamos con las necesidades de otros, incluso con nuestra mejor voluntad podemos pretender dirigir la vida de otros,  con nuestro buenismo también podemos especular. Pues llega el momento de revisar mi templo, voy a aprovechar este momento de la cuaresma para  poner un poco de orden, para hacer una limpieza, para poner cada cosa en su sitio, para deshacerme de todo lo que me aparta de Dios.

DESDE UN PADRE DE FAMILIA

(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)

Todos los años en estas fechas suele asaltarme la misma inquietud. Me hago siempre el propósito (con frecuencia termina siendo solo eso) de evitar que este tiempo tan propicio para el encuentro con el Señor se nos termine escapando entre los dedos, sin ser muy conscientes de cómo ha podido llegar ya Semana Santa cuando, apenas hace unos días, de verdad, no os miento, estábamos recibiendo la ceniza.

Y en este propósito de vivir fructíferamente este camino de conversión que vamos recorriendo, evangelios como el que hoy se nos ofrece parecen oportunos para sacarnos de nuestra modorra. Es cierto que el Señor dirigió palabras muy duras a escribas y fariseos, a los que con frecuencia reprochó sobre todo su falta de coherencia, pero es excepcional asistir a una reacción tan airada de Jesús.

En consecuencia, se me encienden unas alarmas que, sin embargo, dejan de sonar apenas concluida su lectura. Aunque la reacción del Señor que nos narra Juan a veces me desconcierta por su vehemencia, según voy leyendo voy tomando cierta distancia de seguridad. Bueno, parece que no se dirige a mí, me digo, respirando la tranquilidad última de sentirme lejos de los cambistas y vendedores que poblaban el templo, entre los que me cuesta reconocerme. Desactivo el estado de alerta.

Sin embargo, Jesús siempre se dirige a cada uno de nosotros en primera persona. Cuando leo más despacio el relato de Juan, cuando lo aproximo a nuestro tiempo, a nuestra propia realidad familiar, me planteo si también nosotros adulteramos el mensaje evangélico y mercadeamos con él, adaptándolo a nuestra mayor comodidad y yendo a un cristianismo de mínimos que no nos aparte de nuestra zona de confort…en este tiempo de conversión, pido para toda mi familia que nos dejemos moldear por ti como el barro en manos del alfarero.


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