TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

Señor Jesús,

hay tantas y tantas sendas de salvación

a lo largo de la historia de la humanidad

que nos llevan siempre a la novedad de las novedades:

a los cielos nuevos y a la tierra nueva.

Cielos nuevos y tierra nueva a los que llamas Reino de Dios.

Señor Jesús,

en nuestra propia vida intuimos también sendas

que nos llevan a ese misterio de amor sobre todo amor

que se refleja en tus palabras y tus obras

en aquellas tierras de Galilea, Judea y Samaría.

Amor sobre todo amor al que tú llamas Reino de Dios.

Señor Jesús, nos sentimos unidos

a todos los hombres y mujeres de bien

cobijados bajo el arco iris asombroso

símbolo de la diversidad, de la potencia y del misterio de la vida.

Misterio de la vida y de la vida en abundancia al que llamas Reino de Dios.

Señor Jesús, el Espíritu impulsa la energía

de todas esas tradiciones espirituales milenarias

que recogen los anhelos de lo mejor de la humanidad,

las experiencias de lo sagrado de los santos y santas de la historia.

Anhelo de lo sagrado que Tú llamas Reino de Dios.

Señor Jesús, el desierto, el silencio, la soledad, la quietud…

acaso sean hoy día,

en estos tiempos de tanta ruina

y tanto fracaso,

de tantas palabras vacías

y tantas banalidades

los mejores accesos para reconocer

que podemos encontrar

el camino de la salvación

Camino de salvación al que Tú llamas Reino de Dios.

Señor Jesús,

frente a nuestras torpes y canijas idolatrías,

frente a nuestros cobardes y malhumorados abandonos,

frente a nuestros inmaduros y chapuceros egoísmos,

frente a nuestros miedos, tan reales y tan innombrables…

frente a nuestras falsas seguridades, tan monetarias y tan destructoras…

frente a nuestros tinglados ideológicos, tan doctrinarios y canónicos…

tan gruñones, tan de malos rollos, tan condenadores inexorables…

Tú nos miras a la cara,

con tu mirada única…

con esa mirada tan humana

como la que sintieron

la samaritana,

el ciego de nacimiento,

el paralítico,

y tantas y tantos allá en Israel

y a lo largo de la historia de la Iglesia,

tú nos miras a la cara y nos indicas el camino

y nos dices

«Cree en mí,

cree en la vida.

Confía en mí,

confía en la vida

porque la salvación está muy cerca,

muy a mano,

gratis…

basta abrir los ojos,

mirar como miran los niños

y bendecir como bendicen la realidad

las aves del cielo,

los lirios del campo

y la suave brisa que surge al amanecer».

Señor Jesús,

presencia del amanecer de todos los amaneceres.

Ábrenos a tu evangelio.

Ábrenos a tu corazón.

Ábrenos a tu misterio.


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