ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 5 hijos, ambos trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

Jesús frecuenta el desierto acompañado del Espíritu. El desierto y el tiempo de soledad le refuerzan, y de hecho, siempre vence las tentaciones.

Cuando nosotros buscamos el desierto, nos suele resultar enriquecedor. Normalmente lo que buscamos es bienvenido porque saciamos un hambre que teníamos.

El problema varias veces surge cuando es el desierto el que aparece improvisadamente en medio de nuestra vida, como consecuencia de determinadas circunstancias, como el despojo de seguridades, la falta de certezas, la imposibilidad de colmar necesidades, los desengaños, los dolores producidos por causa de la limitación humana, la nuestra o la de otros, y el daño que a posta o sin querer produce.

Cuando te llegue ese desierto no buscado por ti, cuando solo veas el problema o la miseria, la tendencia natural es dejar a Dios de lado y “comerte” la situación en soledad. Sin embargo, acuérdate de que es en el desierto, en el lugar donde no hay ninguna otra cosa salvo eso que te llevó allí, en lo más hondo de ti, donde precisamente más intenso es tu encuentro con el Espíritu Santo. Si se te dan esas circunstancias esta semana, o cualquier otra, te invitamos a que lo invoques y le ofrezcas tu situación, a que sientas su cercanía, su luz, su consuelo, su fuerza. De esa cruz que te llevó al desierto comenzarán a brotar signos de resurrección.

Será una forma de vivir nuestra pequeña Pascua para ir preparándonos para la más grande, la Pascua de Resurrección.


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