TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

Señor Jesús, evangelio vivo para todos los que se acercan a ti,

sea cual sea su condición, su estatus, su situación vital.

Señor Jesús, tu presencia compasiva,

tus asombrosas acciones liberadoras

abren espacios de libertad

y de autenticidad inauditos…

porque quitas cargas de yugos internos y externos

con tu energía poderosa de santidad y justicia.

Señor Jesús, tenemos demonios, miedos, opresiones:

somos seres humanos normales…

humanos en una humanidad demasiado humana.

Como siempre.

Como todos.

Así estamos.

En todos los tiempos y lugares

lo no dicho,

lo reprimido,

las heridas hondas

de nuestra afectividad

y nuestra identidad

nos arañan la conciencia

y hacen que nos retorzamos

cuando no nos queda más remedio

que enfrentarnos

a la verdad de nuestra verdad

al sondear el silencio

de nuestra soledad.

Señor Jesús, sabemos que tu presencia

puede sanarnos

puede restaurarnos

puede consolidarnos

en los fundamentos íntimos de la alegría de vivir.

Se llama evangelio.

Tú eres el evangelio vivo

más allá de las doctrinas,

más allá de los reglamentos,

más allá de las picajosas reglas morales.

Miles y miles,

a lo largo de la historia,

dan testimonio elocuente de ello,

con sus obras,

con sus palabras,

son sus presencias.

Son santos,

son profetas,

son creyentes

que nos hablan

de la esencia del cristianismo:

de ti y de tu inagotable fuente de compasión,

de ti y de tu inagotable fuente de liberación,

de ti y de tu inagotable fuente de santidad.

Señor Jesús

sánanos,

libéranos,

santifícanos.

Danos valentía de verdad para acercarnos a ti

desde nuestra real autenticidad.

Danos valentía para querer transformarnos de verdad

en testigos de tu Reino de Vida.

Danos valentía para tomarnos en serio

ser creyentes en Ti,

el Santo,

el Salvador,

el Cristo Redentor

de todo lo oscuro de la humanidad,

esa humanidad tan nuestra.


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