¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Me parece curioso que el evangelista sea tan preciso como para poner la hora del encuentro, realmente el momento del encuentro con el Señor se produce en un momento concreto de nuestra vida, ha existido unas cuatro de la tarde para mí, también me ha preguntado ¿qué buscas?, a lo largo de mi vida son muchas las cosas que he buscado: bienes, conocimientos, experiencias, lugares, personas… pero cuando me refiero a Jesús ¿Qué busco?. Dependiendo de la etapa y circunstancias de mi vida he buscado cosas diversas, a veces he buscado recibir sus favores, consuelo, colmar mis deseos, que me resolviera un problema, lo he buscado para llenar un vacío, he buscado la sanación, la paz, la conversión, la alegría, la seguridad, la fuerza, el refugio…. Dicho así parece que Jesús es como un hiper donde abastecerme de lo que necesitaba en cada momento, con sus ofertas y promociones, pero con Jesús es diferente, es mucho más porque el buscarlo te lleva al encuentro y encontrarte con él… eso cambia tu vida, te la vuelve del revés, te transforma, ya nada es igual. El camino hasta llegar aquí me ha llevado tiempo de encuentros y desencuentros, a veces las cosas no son fáciles pero Jesús insiste, pasa una y otra vez por tu vida hasta que ya no puedes prescindir de él y te compromete, te implica. Ahora busco menos pero me dejo encontrar más, ha hecho que mis intenciones se purifiquen que mi amor por Él sea desinteresado, hace que los bienes que conseguí sean instrumentos para acercarme a Él, las experiencias adquiridas senderos que me lleven a Él, las personas que conozco sean testigos para amarle sobre todas las cosas. Igual que Andrés he encontrado al Mesías.
DESDE UN PADRE DE FAMILIA
(Hombre, casado, padre de dos hijos, trabaja, pertenece a movimiento eclesial)
Tras acabar la Navidad, nuestros hijos se adentran ya en la normalidad del tiempo ordinario, la rutina sanadora tan necesaria en nuestras vidas. Este año, sin embargo, su normalidad (como la nuestra) parece presentar más interrogantes que nunca. Ante esta falta de seguridades, ante esta incertidumbre generalizada que tanta inquietud genera, el Señor se nos ofrece como nuestra única certeza, la piedra firme sobre la que construir. Juan lo sabía bien y así se lo mostró a los discípulos que lo acompañaban.
Nuestro empeño en casa, con las dificultades propias de la compleja vida que a cada uno nos toca vivir y de la, en ocasiones, escasa receptividad de nuestros dos adolescentes, pasa también por mostrar a nuestros hijos que Jesús es el Camino, la Verdad y la Vida. Nuestra esperanza pasa por que, como Andrés, descubierto ese tesoro, no solo no quieran ya separarse de Él, sino que también recojan el testigo de continuar la tarea de mostrárselo a otros igualmente necesitados de su presencia sanadora.