ÚLTIMO PASO: ACTIO

¿A qué nos lleva el texto?

(matrimonio, 3 hijos, él trabajan, el matrimonio pertenece a comunidad cristiana y a movimiento seglar)

De las mejores imágenes que nos gusta destacar en casa, en esta época del Adviento, es la figura de la Virgen María embarazada.

Así, la tenemos rodeada de velas para que nos recuerde lo importante que fue su generosidad para con Dios, sin ella, por la forma de hacer tan peculiar del Señor, que no quiere intervenir en la historia de salvación si no es a través del concurso de los hombres y mujeres, no habría venido el Niño Dios a la tierra.

Me gusta imaginar cómo sería el día a día de María. Ya de por sí, era una mujer muy especial, para fijarse el Señor en ella, ya verás… Pero sintiendo nacer esa criatura en su vientre, seguro que aún si cabe, su comportamiento y su manera de actuar tuvo que dar un cambio cualitativo. El trato con los demás debía ser exquisito, con dulzura, amable, delicada. Y seguro que no se pararía a chismorrear con las vecinas, ni a criticar, ni miraría a la gente por encima del hombro.

Pues bien, gracias a que Jesús dio la vida por nosotros, todos hemos recibido la infinita dignidad y el grandísimo honor de ser templos vivos de Dios. Es como si estuviéramos “preñados de Dios”.

Parémonos en este tiempo de Adviento a analizar nuestro día a día, cómo debería de cambiar si sintiéramos, como María, desarrollarse esa criatura en nuestro vientre, moviéndose y dando pataditas, sabiendo que es Dios mismo quien flota en nuestra barrigota. ¿Se nos ocurriría entrar en un local o ver una película donde se respire un ambiente de lascivia, de flirteo, de sensualidad…?

¿Nos quedaríamos a gusto en una conversación donde despellejamos con la crítica a un compañero de trabajo?

¿Trataríamos igual a un pobre que nos encontráramos en la calle, o a un inmigrante engañado por las mafias de sus países?

¿Engañaríamos o no seríamos honestos en nuestro trabajo?

María, ya embarazada, fue a ayudar a su prima Isabel, se puso al servicio de los demás, no se le ocurrió pasar un embarazo de señoritinga, quejándose por todo y teniendo una corte adorándola. No, se puso en camino y a amar a su prójimo. ¿Qué le pasó cuando con su prima Isabel al verla cantó el Magnificat? Que sintió la criatura como si diera saltos de gozo. También nosotros, a través de los pequeños actos de amor, de nuestras renuncias por cuidar de lo que tenemos dentro, de nuestras conversaciones con nuestro bebé, Dios se nos manifestará con más claridad, lo descubriremos con más facilidad detrás de ese envoltorio que puede ser una enfermedad, una dificultad… Nuestra vida se llenará de alegría por que estaremos plenos con su íntima compañía.


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