SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

Cada año con el Adviento el Señor viene de nuevo a nuestro encuentro, para mi es más bien sacudir la inercia,  la pereza, la apatía, la pasividad que se nos va adhiriendo a nuestro ser  con la rutina del día a día, porque el Señor no se ha ido de nuestras vidas al menos no se ha ido de la mía aunque me acompañen días de letargo  o de somnolencia.

En mis comentarios al evangelio he hablado de algunas de las reflexiones que me acompañaron  en las largas noches de insomnio, otra de esas reflexiones  ha sido en cómo he gastado la vida, me vino muy bien hacerlo desde la utilización  del tiempo verbal. Mirando para atrás percibía que me he pasado gran parte de mi vida pensando en futuro: haré, formaré, organizaré, trabajaré… siempre con el futuro puesto en el horizonte. Otra parte lo hago en pretérito: he vivido, había pensado,  estuve… me doy cuenta de que estoy mayor porque hablo en pasado: vivía,  he hecho, quise…  añorando el pasado como algo que fue mejor. Me estaba saltando el presente, ¡que equivocación! Cuando lo importante es vivir  el momento presente, y eso había que arreglarlo. Así que mejor pensar nuestra vida poniendo en marcha el tiempo del verbo en presente,  el futuro no me preocupa y el pasado es ya el pasado. El Señor quiere encontrarnos vigilando, trabajando… no añorando el pasado ni planificando el futuro. No voy a perder  esta oportunidad esta vez la venida del Señor me encuentra despierta.

DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS (2008)

(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)

Comienza el Tiempo de Adviento. Un tiempo de preparación, de estar atentos, de no bajar la guardia. “¡Velad!”.

Así como en los finales de los embarazos disponemos la ropa para el recién nacido, aquí debemos ir preparando nuestro ropaje interior. Esta semana, en casa, hemos ido arreglando nuestro calendario familiar de Adviento. Cada día de diciembre, hasta el 24, proponemos una buena acción entre todos, un pensamiento para el día, una lectura, una visita,…que nos vaya situando y llevando a intentar mejorar nuestro camino al Señor. A parte, de todo lo bueno que conlleva realizar una actividad en familia, de compartir, transmitir valores, enseñar, disfrutar. A ver qué tal nos va, porque sugerir es fácil y para cumplir hace falta algo más.

DESDE LA ESPERANZA

(matrimonio, trabajan ambos, 4 hijos, en proyecto de inserción de inmigrantes, pertenecen a comunidad cristiana y movimiento seglar)

El Señor nos ha puesto en el camino a unos hermanos, que un día también dejaron su casa, para embarcarse en un viaje donde se jugaron muchas veces la vida persiguiendo un sueño. Vieron a la muerte rodearles y como en un juego de suerte, pasó de largo por sus dedos, no así por los de tantos compañeros.

Su vida tan lejos de nuestras rutinas aseguradas, tan programadas y tan cómodas nos desnuda para  volver los ojos a lo esencial del ser humano, lo importante, los pequeños tesoros de cada día, el encuentro con el hermano, el amor… Hoy se nos recuerda estar siempre alerta y parece casi irremediable que este planteamiento nos cause preocupación, o al menos la incertidumbre de tener que forzarnos a estar en guardia, como mínimo esforzándonos la mayoría de las veces de manera artificial. Pero cuando en nuestro horizonte se unen las líneas de lo auténtico con la satisfacción de ver en el rostro de los excluidos la felicidad de encontrar un camino digno, el esfuerzo por velar se convierte en algo natural, incluso necesario. Vivimos tiempos convulsos de coviadviento, nada nos separará de la satisfacción del Amor, de las posibilidades que se abren en nuestras vidas simplemente por estar alertas de forma natural, cuando lo de Amar al prójimo brota por sí solo, consigues sembrar adviento a tu alrededor y todo guarda sintonía con nuestro Padre del Cielo.


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