TERCER PASO: ORATIO

¿Qué nos hace decir el texto?

(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)

 

Bendito seas, Dios nuestro.

Toda la creación nació de tu bendición.

Eres el creador de la luz.

Eres el creador de los caminos.

Eres el creador y el cuidador de la vida.

Eres el fundamento de la esperanza

de la vida que aspira a vida en abundancia.

Bendito seas, Dios nuestro.

Te revelaste al Pueblo Elegido,

le acompañaste por tus sabias sendas

hasta la plenitud de los tiempos:

hasta Jesucristo.

Tu presencia en los vericuetos de la historia,

tu compañía en las luces y las sombras de la historia,

tu palabra en las ambigüedades de la historia

es para nosotros

y para todos los hombres y mujeres

con sensibilidad religiosa

y ansia de santidad,

un don inmenso

que nos da sentido, significado y sensibilidad

para vivir nuestras biografías

como hijos de Dios y hermanos de todos los hombres,

sembrando semillas

de tu Reino,

humildemente,

pero fuertes por tu fuerza.

Bendito seas, Dios nuestro.

Te presentas luminoso

en las madrugadas amables y duras,

en las noches de intuiciones y de miedos,

en las nieblas que avisan

de amaneceres o de tormentas.

Siempre. Siempre. Siempre

estás tan a cerca,

tan a mano,

tan humano

tan accesible

en los silencios santos

de los que vivimos llenos de esperanza,

porque sabemos de quién nos hemos fiado.

Sí, tú eres el Santo, Santo, Santo

de nosotros,

tan humanos,

tan frágiles,

tan asustados.

Bendito seas, Dios nuestro

por Jesucristo.

Aspiramos a más luz.

Su luz, luz de luz.

Aspiramos a más amor.

Su amor, amor sobre todo amor.

Aspiramos a más vida.

Si vida, vida sobre toda vida.

Aspiramos a su comunión,

a su perdón,

a su paz.

Bendito seas, Dios nuestro.

Vemos, como entre cristales rotos,

tu sabiduría gracias al amor que te tenemos.

Aunque la pandemia nos asuste y nos encierre.

Encontramos tu sabiduría

en lo mejor de nosotros al responder a los retos

que estos tiempos extraños y raros

nos ponen delante,

como si desafiasen a toda nuestra panoplia

de seguridades, justificaciones y escondrijos,

idólatras,

narcisistas,

falsos, falsos, falsos.

Reposamos en tu sabiduría,

en nuestros silencios religiosos,

en nuestros silencios santos,

en nuestros silencios

donde sólo somos nosotros ante Ti,

santa y sabia benignidad

silenciosa pero infinitamente eficaz.

Tal es el misterio de tu designo.

Misterio ante el que sólo cabe

el silencio reverente y religioso.

Bendito seas, Dios nuestro.

Tenemos momentos de santa sed.

Tenemos intuiciones de santa comunión.

Tenemos intuiciones de santa paz.

Bendito seas, Dios nuestro.

Seguimos teniendo

la posibilidad de refugiarnos,

como el salmista del Pueblo de Dios,

bajo tus alas,

cerca de tu corazón,

dentro de tu sabiduría

que desborda toda palabra,

todo conocimiento,

todo control humano.

Bendito seas, Dios nuestro.

Bendito seas

porque podemos seguir

velando,

ansiando,

anhelando…

en medio de estos raros tiempos.

llenos de raras tensiones,

llenos de extraños momentos,

llenos de miedos y, también,

gracias a tu santidad,

de tantas y tantas esperanzas.


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