¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Bendito seas, Dios nuestro.
Toda la creación nació de tu bendición.
Eres el creador de la luz.
Eres el creador de los caminos.
Eres el creador y el cuidador de la vida.
Eres el fundamento de la esperanza
de la vida que aspira a vida en abundancia.
Bendito seas, Dios nuestro.
Te revelaste al Pueblo Elegido,
le acompañaste por tus sabias sendas
hasta la plenitud de los tiempos:
hasta Jesucristo.
Tu presencia en los vericuetos de la historia,
tu compañía en las luces y las sombras de la historia,
tu palabra en las ambigüedades de la historia
es para nosotros
y para todos los hombres y mujeres
con sensibilidad religiosa
y ansia de santidad,
un don inmenso
que nos da sentido, significado y sensibilidad
para vivir nuestras biografías
como hijos de Dios y hermanos de todos los hombres,
sembrando semillas
de tu Reino,
humildemente,
pero fuertes por tu fuerza.
Bendito seas, Dios nuestro.
Te presentas luminoso
en las madrugadas amables y duras,
en las noches de intuiciones y de miedos,
en las nieblas que avisan
de amaneceres o de tormentas.
Siempre. Siempre. Siempre
estás tan a cerca,
tan a mano,
tan humano
tan accesible
en los silencios santos
de los que vivimos llenos de esperanza,
porque sabemos de quién nos hemos fiado.
Sí, tú eres el Santo, Santo, Santo
de nosotros,
tan humanos,
tan frágiles,
tan asustados.
Bendito seas, Dios nuestro
por Jesucristo.
Aspiramos a más luz.
Su luz, luz de luz.
Aspiramos a más amor.
Su amor, amor sobre todo amor.
Aspiramos a más vida.
Si vida, vida sobre toda vida.
Aspiramos a su comunión,
a su perdón,
a su paz.
Bendito seas, Dios nuestro.
Vemos, como entre cristales rotos,
tu sabiduría gracias al amor que te tenemos.
Aunque la pandemia nos asuste y nos encierre.
Encontramos tu sabiduría
en lo mejor de nosotros al responder a los retos
que estos tiempos extraños y raros
nos ponen delante,
como si desafiasen a toda nuestra panoplia
de seguridades, justificaciones y escondrijos,
idólatras,
narcisistas,
falsos, falsos, falsos.
Reposamos en tu sabiduría,
en nuestros silencios religiosos,
en nuestros silencios santos,
en nuestros silencios
donde sólo somos nosotros ante Ti,
santa y sabia benignidad
silenciosa pero infinitamente eficaz.
Tal es el misterio de tu designo.
Misterio ante el que sólo cabe
el silencio reverente y religioso.
Bendito seas, Dios nuestro.
Tenemos momentos de santa sed.
Tenemos intuiciones de santa comunión.
Tenemos intuiciones de santa paz.
Bendito seas, Dios nuestro.
Seguimos teniendo
la posibilidad de refugiarnos,
como el salmista del Pueblo de Dios,
bajo tus alas,
cerca de tu corazón,
dentro de tu sabiduría
que desborda toda palabra,
todo conocimiento,
todo control humano.
Bendito seas, Dios nuestro.
Bendito seas
porque podemos seguir
velando,
ansiando,
anhelando…
en medio de estos raros tiempos.
llenos de raras tensiones,
llenos de extraños momentos,
llenos de miedos y, también,
gracias a tu santidad,
de tantas y tantas esperanzas.