(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
En los tiempos que nos ha tocado vivir, con tanta crisis, con tanta muerte de inocentes justificada (léase aborto, la pobreza extrema,… por ejemplo); el amor, la entrega, la generosidad, la radicalidad no están de moda, ni siquiera para las parejas, para las familias, en donde, cada uno hace lo que puede por sobrevivir, por ser feliz, tirando solo de los pocos que están a su alrededor y a veces, ni siquiera de éstos. Es curioso como un día tan bonito, tan familiar, como el domingo de ramos, (la eucaristía suele ser por la mañana, hay procesión de palmas, los niños se lo pasan bien agitando y cantando el Hosanna), la palabra de Dios muestre con tanta crudeza la pasión y la muerte. Quizás es una metáfora de lo que estamos viviendo, por momentos, riendo, cantando, viviendo despreocupadamente en fiesta, pero incluso en cualquier familia, incluso en cualquier matrimonio o con nuestros hijos, hay situaciones de dolor, de pasión, de sufrimiento y de muerte. Que el Dios de la vida, nos haga sentir intensamente estos días, alivie nuestro pesar, serene nuestro sufrimiento y devuelva la alegría, pero la de verdad, la que nace en el corazón y se extiende por todo nuestro ser y convierte nuestra vida en propagadora de la salvación, la de Jesús.