¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
¿Qué pasa con ese prójimo que lleva a rajatabla el yo, mí, me, conmigo y sólo se preocupa por él y cumplir sus deseos?… O el perdona vidas, el que va de sobrado y es interesado, manipulador, o el que le gusta provocar, o el que va siempre buscando la confrontación… ¿Tengo que amarlos?…Esos me descolocan, me lo ponen difícil, no soy capaz de amarlos. Pero el Señor no diferencia entre prójimo cercano o lejano, no pone condiciones. Dice solo “Amar al prójimo como a ti mismo” ¿Cómo lo gestiono?
Porque estas personas también se me presentan en la vida y no está en mi mano decidir cómo se deben comportan, pero sí en cómo voy a actuar yo. Se trata de aceptar al otro como es y vivir menos molesta o crispada por lo que hacen y digan o dejan de hacer y decir. Lo que no significa estar de acuerdo ni tener que soportarlo todo, hay que diferenciar entre lo que tengo que aceptar y lo que debo pedirle a los demás. Tampoco se trata de cambiar al otro ni enfrentarse, ni promover disputas ni controversias. Si no encuentro puntos de unión para mí lo menos malo es alejarme de ellas y eso no me crea mala conciencia. La vida es demasiado corta para tener que hacer frente a la crispación continua, ni aguantar a tanto cretino, ni para vivir con sentido de culpa si no puedes amarlos. Lo que necesito es establecer límites, de manera que las concesiones que haga no entren en conflicto con mis valores, sin olvidarme de reconocer y respetar los límites de los demás. Es vivir en armonía reconociendo la dignidad de cada persona.
DESDE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
(mujer, casada, trabaja, 4 hijos y un perro, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Otra prueba…. día tras día ponen a prueba al Señor con preguntas para pillarlo, pero el Señor ve más allá. Nunca dice cosas explícitas en contra de la “ley de los hombres”, al revés, anima a que cumplamos tanto con la ley de los hombres, pero sobre todo, con la ley de Dios, la ley del amor. Qué maravilla. Amar…. amar a todo el mundo, amar a los demás como a ti mismo. Cuidar tanto la casa de todos como tu casa de “ladrillo”, querer tanto a todos los seres vivos como a ti mismo. Me recuerda a San Francisco de Asís, a cómo se refería al más mínimo/máximo ser vivo como su hermano o hermana. Esta semana se me ocurre que antes de dirigirnos a cualquier ser vivo, en nuestra cabeza pensemos en él/ella como nuestro hermano/a y por mucho que nos cueste, lo miremos con amor y pensemos que Dios lo/a ha creado y lo/a quiere igual que a nosotros..