¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Llegará el momento de rendir cuentas al Señor de como he gestionado la parcela de viña que me dejo, no solo dar cuenta de lo que hice también de lo que deje de hacer. Para no llegar con el trabajo sin hacer o mal hecho está el revisar todas las noches lo que hago para enmendarlo el siguiente y por las mañanas al comenzar el día ponerme en presencia del Señor para desde Él realizar todas las tareas que realice. Esa es la actitud que debo cuidar. Eso cambia la perspectiva, partiendo de ahí, y poniendo al Señor como centro de mi vida, lo que hago puede no ser perfecto, pero mi intención es hacerlo lo mejor que se y con la mejor disposición. Me puedo equivocar, puedo dejar cosas sin hacer, incluso puedo no hacer a sabiendas porque tenga un día torcido, pero tengo la oportunidad de corregirlo. Tampoco nací sabiendo, he necesitado años de preparación y de formación, durante ese proceso también me he dejado labrar por el Señor, Él ha arado, plantado y regado mi vida, moldeando mi personalidad. Aún ahora sigo en una formación permanente, una formación que me sirve para llevarlo a la vida. De ahí saldrán los frutos. Por eso la idea de rendir cuentas no me inquieta mucho.
Lo que me importa es llegar en presencia del Señor con el corazón lleno de nombres, de hermanos, de vidas. De cada una de las personas con las que me he cruzado en la vida a las que he podido ayudar y me han ayudado, las que he cuidado y me han cuidado, a las que he enseñado y me han enseñado, las que he perdonado y me han perdonado, las que he amado y me han amado.
DESDE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
(mujer, casada, trabaja, 4 hijos y un perro, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
En este evangelio vemos un paralelismo claro entre el dueño de la viña y los labradores asesinos. Dios nos ha prestado su viña, y nosotros nos estamos cargando toda la tierra. Dios nos manda mensajes pero los ignoramos. La cuestión es hasta cuándo… La paciencia de Dios es infinita y Él es misericordioso y nos perdona una y otra vez, pero la tierra no es finita. Al menos nos queda la esperanza de que Dios es capaz de darle la vuelta a la tortilla, puede hacer milagros, este evangelio nos trae esperanza. Aun así, deberíamos detenernos a pensar cual es nuestro papel como labradores honestos y ecológicos, cuidan la tierra, la labran y obtienen cosechas ecológicas y que mejoran el ecosistema. ¿De qué manera podemos mejorar nuestro entorno en el día a día?
Devolvamos cariño y agradecimiento a la casa que nos acoge, a todos los seres humanos, animales y vegetales que habitan en ella.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios) (2008)
¡Con qué amor prepara el Padre la viña! Le pone una cerca para protegerla, y saber lo que es suyo. Construye un lagar porque tiene la convicción de que va a dar fruto, ¡qué inversión! Levanta una torre para vigilarla. Así aspiramos ser los padres con nuestros hijos, les damos amor, ponemos nuestro cariño en ellos, creemos en todos sus potenciales e intentamos cultivárselos, y sí, existe una torre de vigilancia, pero a distancia, para que puedan crecer sin muletas. A nosotros nos toca que se den las situaciones más favorables para ellos, aunque luego esa rama que queríamos que creciera a la izquierda crezca a la derecha. Al fin y al cabo lo que pretendemos es que sean adultos independientes, libres, justos, generosos…Porque no son nuestros, son de Dios.