¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Hoy el Señor nos habla del perdón, y no solo de perdonar sino de hacerlo “siempre” No me resulta fácil hablar del perdón porque durante tiempo me ha creado sensación de culpabilidad, Cuantas veces he oído que el perdón verdadero es “perdonar y olvidar”… No poder perdonar de esa manera me generaba sentimientos negativos y me producía desasosiego. Porque a veces es complicado perdonar, porque no todas las ofensas tienen la misma gravedad, ni la misma repercusión. A veces la ofensa produce heridas que el perdón no las puede borrar del todo, quedan pequeñas cicatrices, pero con eso se puede vivir. Pero sin perdón no hay posibilidad de continuar, ni posibilidad de reconciliación, por eso la necesidad de perdonar. Además no puedo olvidar que yo también cometo errores, me han perdonado y me han aceptado con mis defectos, por eso también siento la necesidad de perdonar.
Muchas veces me he cuestionado lo que significa el perdón y lo que implica.
Para mi perdonar significa pasar por alto la falta que alguien cometió conmigo, apaciguar la rabia interior que me queda tras el daño recibido y eliminar la sed de venganza. Es algo que puedo hacer, que puedo dar y puedo pedir pero siempre de manera gratuita, sin pedir nada a cambio. Pero no necesariamente significa hacerme amiga de esa persona o establecer una relación. No, perdonar, al menos para mí no entraña relación. Tampoco es olvidar los hechos ni negar la realidad, ni minimizarlos, ni justificarlos. Poder perdonar sin olvidar todo esto y a pesar de todo esto es lo que he aprendido y eso me quita la sensación de culpa. De esa manera el perdón genera en mi alma una tranquilidad que me ayuda a vivir serena y a experimentar sensación de paz interior.
DESDE EL CUIDADO DE LA CASA COMÚN
(mujer, casada, trabaja, 4 hijos y un perro, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Hoy el evangelio va de perdonar, pero también de coherencia, porque con la coherencia de nuestra actitud es como enseñamos a los demás.
Nosotros somos grandes pecadores y el Señor siempre nos perdona, por eso, debemos aprender de Él y perdonar a los que nos ofenden, que seguro es una astilla en comparación con nuestra viga… Es como en la película “Cadena de favores” pero como con el perdón.
En ese “los que nos ofenden” debemos incluir a las personas que hacen daño a nuestro planeta, a otros seres humanos desfavorecidos y desprotegidos y a otros seres vivos. El daño a nuestra casa y nuestros hermanos o compañeros de planeta nos debe doler, y como el Señor, nosotros debemos condenar al pecado, no al pecador. Haciendo referencia también al evangelio de la semana pasada, debemos perdonar a nuestro hermano y a la vez enseñarle a no hacer daño al planeta y que cambie su actitud, para que sane y se salve. Igual que con nuestra nueva perrita debemos tener paciencia para enseñarle lo que debe y no debe hacer, la misma que tuvimos y tenemos con nuestros hijos, debemos ser pacientes, compasivos y lentos a la ira con esas personas que no cuidan nuestra Casa Común. No todos entendemos o aprendemos las cosas al mismo ritmo. En concreto, yo siempre me propongo ser “lenta a la ira” e intentar convencer a las personas que no reciclan porque dicen que no sirve para nada y a las personas que desperdician comida (aunque a veces me cuesta mucho trabajo eso de no ser lenta a la ira 😉). Hay mucho por hacer y es tarea de todos.
Como oración final, repetimos los versos del Salmo de hoy que nos gusten o llenen más.
DESDE LA EDUCACIÓN DE LOS HIJOS
(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
Me imagino que así como a los amigos de nuestros hijos les parecen raras o distintas las costumbres de casa, e incluso se atreven a probar cosas “nuevas” como el melón (a los nuestros les pasa lo mismo a la inversa), el inicio del curso debe ser así, abiertos a las nuevas experiencias, reinventar lo que ya hemos hecho otros años, mirar con otros ojos o por medio de otros lo que ya sabemos. Todo esto nos resulta diferente y muy enriquecedor.
Aceptar la corrección y corregir no está muy de moda pero es imprescindible. ¿Cómo se educa entonces si no hay límites y no existe la perfección? Comprensión, exigencia, amor, ejemplo, perdón, alegría, donación, coherencia… están en la mochila. Es un reto para nosotros sacarlos en este curso que comienza y que reinventamos, sin olvidar la oración y la reunión con Padre Dios, ¡imprescindible!