SEGUNDO PASO: MEDITATIO

¿Qué nos dice el texto?

Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.

DESDE LA ESPERANZA DE LA VIDA

(mujer, soltera, trabaja, médico, pertenece a comunidad cristiana y movimiento laical )

Este evangelio me produce una profunda paz y tranquilidad, al saber que Dios, como buen padre cuida siempre de mi, de cada uno de nosotros, de cada uno de mis pacientes. En muchos momentos, he creído que estaba en mis manos poder salvar o sanar algún enfermo, la angustia me dominaba.  Pero me pongo delante del Padre bueno, deposito en Él, mis miedos y luchas, he hecho lo que está en mis manos, ahora es tuyo Señor. Sánalo. Recóbrale la salud. Y así he visto milagros auténticos, de cómo se cumple este evangelio, de cómo no cae ningún pajarillo sin que Dios esté pendiente, no deja a ninguno de sus hij@s solos en la enfermedad, como un Padre bueno los cuida, los mima y les concede a cada uno aquello que necesita, No hay que tener miedo a nada, si nos sentimos verdaderamente HIJ@s de ese Padre que nos quiere con locura, con dulzura , con ternura, con un amor infinito sobretodo en los momentos de enfermedad, no estamos solos.

DESDE LA ENFERMEDAD

(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)

La palabra clave que veo en este evangelio no es “Miedo” sino “Confianza”. El miedo es una respuesta normal en todos los seres humanos ante ciertas cosas o situaciones. Solo hay que aprender a enfrentarse a ellos, a gestionarlos, porque los miedos son emociones que se adaptan y que se controlan.

Hace tiempo manifestar mis convicciones, dar testimonio de mi fe en ciertos ambientes que me eran hostiles me daba reparo porque temía el rechazo, la crítica, los comentarios. Después aprendí a decir lo que siento sabiendo no es posible gustar a todo el mundo, sin importarme la crítica. No me perturban ni me condicionan los juicios, no tienen poder de hacerme daño. El Señor es mi verdad, es la Verdad.

¿Tengo miedo a mis años?. Claro que sigo teniendo miedos.  Permitirme sentir miedo a la enfermedad no significa sucumbir en ella. Angustiarme, sentir temor por lo que no sé cómo se desarrollará es tan inútil como estéril, además de una pérdida de tiempo. La manera de enfrentarme a esos miedos es distinta. ¿Por qué? Porque tengo mi confianza puesta en el Señor y estoy tan convencida de que su providencia es infinitamente superior al poder humano, al poder de la enfermedad y a todas sus amenazas juntas. Esa confianza en Él supera los miedos, produce serenidad. Él es mi fuerza..


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