¿Qué nos hace decir el texto?
(hombre, casado, trabaja, pertenece a movimiento cristiano)
Señor, sin duda, somos pequeños en tantos y tantos aspectos, pero tenemos aspiraciones infinitas.
Somos así: paradójicos, taimados, contradictorios.
… Señor, algo de fe aún tenemos.
Por eso te rezamos de corazón y con la mejor autenticidad que podemos mostrarte.
¡Señor, Tú lo sabes todo!
¡Tú tienes palabras de vida eterna!
Acudimos a Ti, Salvador nuestro y Salvador del mundo.
Señor, muchas veces nos sentimos sobrepasados por las circunstancias y sentimos que nos faltan las fuerzas.
Nos sentimos pusilánimes y amilanados.
Nos reconocemos como humanos, demasiado humanos y nos agarramos a nuestras pequeñas seguridades.
Nos sentimos medrosos y asustados.
Y estamos viviendo situaciones complicadas, en todos los niveles de nuestra vida personal y social, que no siempre sabemos comprender ni atisbamos a saber lo que puede pasar a corto y medio plazo.
Nos sentimos con ganas de optar por el “sálvese quien pueda”, acobardados.
¡Señor, lo sabes! ¡Apiádate de nosotros!
Por la Biblia, por la Historia de la Iglesia, por nuestra experiencia humana y eclesial, sabemos que muchos creyentes han vivido – y viven – situaciones límite apoyados únicamente en la fe: la fe en Ti, el Resucitado, el Hijo del Dios de la Vida que acompaña a toda creación, a toda la humanidad y al Pueblo de Dios a lo largo de toda la Historia de la Salvación.
¡Y nosotros somos, tantas veces, egoístas, infantiles, envidiosos!
… Señor, algo de esperanza tenemos.
… Señor, algo de lucidez cristina aún persiste en nosotros.
… Señor, acudimos a Ti con nuestras mejores palabras.
Como un inmerecido don, nos hemos encontrado con la Iglesia, con creyentes auténticos, con hombres y mujeres de esperanza activa que nos ayudan en el sentido, el significado y la sensibilidad para dar testimonio de tu presencia como el Señor de la Vida a nuestros contemporáneos.
¡Susténtanos, para que nos inspiremos en los mejores cristianos!
Señor, sin Ti, somos casi nada.
Señor, sin Ti, sin tu presencia, nos hundimos.
Señor, sin Ti, nos perdemos lo mejor de la vida.
Señor, sin duda, somos pequeños, pero tenemos aspiraciones infinitas: están sembradas desde el inicio de nuestro dar tumbos por el mundo, por la vida y por la Iglesia.
Señor, Te rezamos. Es de lo mejor que podemos hacer.
Señor, Te imploramos. Tu respuesta es lo mejor que nos puede pasar.
Señor, nos ponemos en tus manos.
¿Quién ha quedado defraudado por acudir así, humanos, tan humanos, a Ti?