DESDE LO SOCIAL

(hombre, casado, con tres hijos, trabaja, miembro y directivo de movimientos sociales, y de grupo cristiano)

Creo que el Evangelio de hoy contiene un mensaje especialmente importante, un mensaje que, si llega a convertirse en vida vivida en cada uno de nosotros, en experiencia propia, abre las puertas de la liberación personal y de la salvación cristiana. Y lo hace sin distinción de situaciones sociales, tanto para las personas que sufren marginación o exclusión social, como para aquellas que mantenemos un compromiso activo en organizaciones sociales que tratan de combatir las causas de dicha exclusión social.
A los primeros, a los marginados y excluídos, si el Evangelio de hoy se convirtiera en experiencia propia (como les sucede a algunos) les recordaría y devolvería su dignidad intocable de hijos amados de Dios, algo que con demasiada frecuencia se pierde en el camino hacia la exclusión, o bien se minusvalora o se desecha como cosa inservible en medio de la marginación o de la penuria económica. A los segundos esta vivencia personal nos asentaría en el cimiento adecuado para, desde él, afrontar y responder a nuestro compromiso social y cristiano, no desde la obligación o el voluntarismo, sino desde la libertad, como respuesta gozosa y agradecida al amor de Dios que un día nos salvó y nos mantiene desde entonces llenos de plenitud.
Le pido a Dios que nos ayude a nosotros, y a toda su Iglesia, a evitar presentarnos ante el mundo como jueces, o como portavoces de un Dios severo e implacable que requiere sacrificios para aplacarse. Que nos ayude a ser fieles a Jesús y anunciar más la salvación de Dios, y a hacer entender que nosotros mismos nos juzgamos con nuestros actos. Que sepamos anunciar el amor de Dios a todas las personas, y que nuestras obras hablen sin palabras de cómo ese amor de Dios nos ha dado vida plena -por la que le damos gracias- a los que creemos en Él.


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