(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
El mercado siempre está presente. En épocas de crisis como las que vivimos ahora los del primer mundo, (aunque el tercer mundo y muchas personas de este primer mundo llevan en crisis toda su existencia); pues en esta época hay un ambiente de tristeza, de inseguridad, de miedo, de negociar, etc. Y hacemos lo mismo con nuestras relaciones, con nuestros sentimientos, mercadear, negociar. Muchas veces hemos escuchado y nosotros también lo hemos dicho: cada pareja negocia su vida, sus formas, sus organizaciones, su historia. Aunque no es el tipo de negocio que se da en la empresa, en la economía, parece que negociar se convierte en ir cediendo cosas, ámbitos de nuestra vida individual, tareas a cambio de otras tareas, o incluso negociar tiempos, de tal manera que, a veces, también escuchamos que una parte de la pareja pierde o pone más carne en el asador, mientras que otros se reservan. Quizás sea sólo un tema de modos de hablar,o quizás sea algo más serio, donde el amor se queda en un segundo plano. Lo que nosotros nos hemos planteado es que si nuestro templo se destruyera, es decir, nuestras cosas, nuestras formas, nuestro hogar, ¿lo reconstruiríamos? ¿en cuánto tiempo? Llegamos a la conclusión de que sólo Jesús puede reconstruir, sólo el amor puede levantar, sólo el poder de Dios destruye lo podrido y reconstruye la vida.