(matrimonio, él trabaja, con cinco hijos, pertenecen a comunidad cristiana de matrimonios)
¿Quién no ha experimentado la serenidad que da un paseo por el campo o por la montaña? La verdad es que estando más en contacto con la naturaleza sentimos más cerca los abrazos de Dios. Y estando serenos, o cuando rezamos en un lugar tranquilo, cuando hacemos meditación, estamos más predispuestos para la escucha de lo que nos dice Jesús. Hasta el silencio exterior es muchas veces difícil de conseguir: entre los ruidos de la calle, la tele, el sonido de la minicadena, los gritos de los juegos de los niños, el móvil que suena. Si estamos en casa podríamos experimentarlo de vez en cuando: apagamos todo, vamos a la habitación más tranquila, nos escuchamos, y orando con los niños leemos lo que nos dice Jesús. Y si nos es difícil ir de excursión, un parque cercano también nos sirve. Escuchar el sonido del viento entre los árboles, los pájaros, ver el movimiento de las nubes, nos predispone para hacer con ellos un rato de oración, y envolvernos con las caricias de Dios.