(Matrimonio, jubilados, ocho nietos, pertenecen a grupo de matrimonios)
El relato que nos hace Marcos de la transfiguración, en el Monte Tabor, nos incita a buscar con fervor, a través de nuestro vivir en cristiano, una “experiencia de Dios”, pues eso es lo que vivieron los discípulos Pedro, Santiago y Juan y los transformó, aunque al principio los confundió por las dudas que albergaron sobre la frase profética de Jesús: “No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del Hombre resucite de entre los muertos”.
En este tiempo de cuaresma debemos meditar sobre lo que debió suponer para Jesús la transfiguración, de cara a los acontecimientos de los que él sabía sería protagonista.
Para cualquier cristiano, afrontar los fracasos, las tragedias y demás acontecimientos dolorosos por los que hemos pasado y pasaremos a lo largo de nuestra vida, sin esa experiencia de Dios, que fortalezca nuestra fe, es algo terrible y descorazonador. Pidamos que esa experiencia nos llegue y nos conforte.
Nosotros tratamos de inculcar a nuestros nietos la práctica de la oración fervorosa y la dedicación caritativa a los demás, a través de lo cual les pueda llegar ese encuentro vivificante con el Dios que nos acompaña y nos salva.