¿Qué nos dice el texto?
Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA RELIGIOSIDAD POPULAR
(hombre, casado, trabaja, dos hijos, cofrade y hermano de varias hermandades de penitencia)
Son muchas las enseñanzas que el Señor me muestra en este Evangelio. La primera es la humanidad de Cristo, que sufre y llora la pérdida de su amigo, como nos pasa a nosotros ante el dolor de las personas que queremos. La segunda es que el Señor, ve en la dificultad la oportunidad de un “para algo”, no se queda en el obstáculo o en la pena, sino que lo transforma en algo nuevo, en una oportunidad de dar Gloria Dios. La tercera es que los tiempos de Jesús, no son los nuestros, Marta y María, le recriminan a Jesús su tardanza y no entienden su demora y la cuarta es que la Fe de Marta y María que buscan al Señor, hace que Lázaro resucite.
Pues bien, ¿cómo llevo yo estas enseñanzas al plano cofrade?, es lo que voy a intentar compartir. Después de ser costalero de mi Cristo durante veinte años, ocurrió un cambio en las personas encargadas de componer la cuadrilla que debía portar el paso de Nuestro Señor, entre otras decisiones, optaron por no contar conmigo para el siguiente año como costalero del paso de Cristo de mi cofradía, esta decisión supuso en mi vida un dolor, una incomprensión, y un no entender…pero como el Señor hace nuevas todas las cosas, al cabo de un tiempo, quiso el Señor y su Bendita Madre que pasara a ser costalero de la Virgen, y ahí está el “para que”· de mi historia. Ella me quiso para Ella, y en el obstáculo y en mis penas, resurgió la esperanza, comprendí que era un afortunado y que de otra forma, no habría sido posible ser los pies de mi Virgen, y que tras el dolor del cierre de una etapa que me había dado tantas alegrías en mi vida, llegaba otra etapa nueva, esa fue mi resurrección, así pase de la muerte y del duelo, a la vida, y una vida llena de Esperanza..
DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, jubilada, convaleciente, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar)
Este evangelio me lleva a preguntarme cuál es la reacción que tenemos ante la muerte inesperada de un ser querido; ante una enfermedad grave; ante un contratiempo fuerte. ¿Le pedimos cuenta al Señor? ¿pensamos que nos ha abandonado? ¿Nos alejamos de él? o nos ponemos confiadamente en sus manos. Aceptamos lo que nos pasa… ¿Cómo lo vivimos?.
Cuando me dieron el diagnostico de mi problema de salud, lo primero que hago es asustarme. ¡Pero asustarme de veras!. Por la cabeza me pasan los pensamientos más negros. Sin embargo, en ningún momento pasó por mi cabeza preguntarle al Señor por qué. En ningún momento me he sentido abandonada por el Señor. Porque sigo pensando que con todo lo que hay en este mundo, yo sigo siendo una privilegiada.
Cuando pasan las horas críticas y ya estoy estabilizada, me encuentro son una serie de secuelas que me incapacitan durante alguno tiempo. Por lo que dispongo de todas las horas del día y de la noche para mí. Las horas se me hacen e-t-e-r-n-a-s, lo que me ha permitido tener mucho tiempo para la oración, para la meditación, para la contemplación. Claro que también tenía tiempo para sentir angustia, ansiedad, impaciencia, impotencia. Porque una es humana y había días buenos y otros menos buenos.
Ahora a ese parón que he tenido que hacer forzosamente, y que tanta angustia me producía lo veo con otra mirada, creo que el Señor me ha regalado tiempo; no más cantidad de tiempo, no; sino un tiempo especial. Ante las prisas en la que caminaba, el estrés, la cantidad de actividades, y compromisos, me he encontrado con un “oasis de tiempo”. En donde la oración, la meditación y la contemplación me han llevado a reencontrarme con el Señor. Ha sido un tiempo de purificación en el que me estoy desprendiendo de algunas cosas que me estaban pesando demasiado, quizás porque creía tener la misma fuerza de antes, sin darme cuenta que los años no pasan en balde. En los momentos de postración es el Señor el que me invita a levantar y seguir adelante.
Que estos momentos que vivimos de confinamiento en nuestros hogares nos sirva a todos para reencontrarnos con el Señor, para purificarnos, para resucitarnos..
Señor cúrame de mis cegueras. Que ningún virus me haga permanecer ciego frente al hermano. Se mi luz para caminar en estos momentos difíciles
DESDE LA CUARESMA EN LA VIDA ORDINARIA
(hombre, soltero, trabaja en país extranjero, pertenece a comunidad cristiana y movimiento seglar en su tierra natal)
Acabo de terminar una de las múltiples videollamadas que estoy teniendo estos días desde casa. Está siendo un tiempo provechoso para eso, con familia y amigos que hacía tiempo a los que no les dedicaba tiempo, ni conversaciones de calidad, como las que estoy teniendo. Siendo consciente de que las relaciones son de calidad, cuando tienes con esas personas conversaciones de calidad. Esta videollamada ha sido especial, con mi comunidad cristiana, de la que vivo muy lejos y no puedo compartir con ellos la reunión presencial semanal, pero con la que tengo contacto casi a diario. La situación actual nos ha “obligado” a tener la reunión semanal de esta manera.
En esa reunión, al igual que en el Evangelio de este domingo, la resurrección, la vida, la esperanza, el ánimo, las ganas de superar la muerte de estos días, han sido los elementos que han predominado.
Nuestra sociedad actual trata de disimular la muerte, no estamos preparados para sufrirla, porque es un misterio, nos enseña que nuestro orgullo es vanidad, que no amamos lo suficiente, que no buscamos lo esencial, pero que el amor que sembramos mientras vivimos, es inmortal.
Jesús en este pasaje, llora por su amigo, nos enseña que sentir dolor por la pérdida de un ser querido, no es contrario a la esperanza. Seguramente somos muchos los que en estos días, lloramos la pérdida de familiares o amigos, lloramos por no saber qué va pasar con nuestro empleo, que esto va para largo…
El optimismo como le escuchaba al Papa Francisco estos días, suena a maquillaje, a reacción del momento. La esperanza en la humanidad, en los hombres y mujeres, es la que el Papa elige tener. Esa esperanza que tuvieron Marta y María para creer que con la presencia de Jesús, su hermano Lázaro no habría muerto.
En estos momentos de incertidumbre, Jesús me dice como le dijo a Marta: ¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?