(hombre, casado, trabaja, con dos hijos)
Tú, Señor, que te presentas allí donde vivo, donde trabajo, en lo que hago…
Que no se enrede la red de mi vida, ni descuide escuchar tu llamada.
Que reconozca tu voz, y descubra tu rostro, que me invita…
Que al llamarme por mi nombre no se entretengan mis pasos para seguirte…
Dame luz y fuerza como a tus discípulos, y no desistas en esperar mi respuesta…
Que por tu Palabra cambie mi forma de vivir la vida, que en tu Palabra se sostenga mi espíritu…
Que tu evangelio impregne mi alma, y mueva mis actos…
Que sea capaz, Padre, de sentir que me llamas, que me conoces, que me aguardas…
Que mi camino sea seguirte desde mi vida al rebufo de tu Palabra…
Que tu Palabra transforme mi vida en un testimonio de fidelidad, de fe, de convicción; y me transforme a mí en testigo de tu mensaje.
Sabiéndome débil y necesitado, pequeño y humilde, me abandono sencillo a la voluntad de tu Amor…
Que no me pesen las tareas para atender tu compromiso, o que al hacer esas tareas sea fiel discípulo de aquello que quieres de mí…
Que no me puedan la comodidad, ni la duda, ni el temor, ni la rutina… porque tu sola Voz renueva con un solo sonido lo que soy y lo que hago.
Tu llamada me permite incesantemente comenzar de nuevo, reconstruirme, redescubrirme, volver a quererme, a querer y ser querido, desde la experiencia de que Tú me amas primero.