DESDE EL MATRIMONIO Y LA FAMILIA

(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)

Cuando uno se encuentra con Dios, su vida ya no es la misma; puede ser que después pase por muchos momentos buenos y malos, pero una vez que llega El, otra cosa no valdría, otra vida no se concibe. ¿Nos pasa lo mismo con nuestra pareja? Seguro que muchos sienten esto. Quizás, el encuentro con la persona amada fuera en un momento, en un lugar determinado, o quizás, no apareciera de repente, sino despacito, sin notarlo, como el “chispi, chispi” de la lluvia, que no moja, pero va empapando… Da igual como fuera ese encuentro, pero lo cierto es que no se olvida. Además, Dios estaba allí, esperando, deseando que nosotros nos encontráramos, nos enamoráramos y construyéramos un futuro juntos. Da igual como fuera la vida antes de conocernos, había cosas muy buenas y estupendas y también no tan deseables; pero la vida de ahora, la vida de novios, la de esposos, la de familia, no la cambiaríamos por nada; además de todo lo que nos queda por vivir, bueno y malo, pero sobre todo, encontrándonos, buscándonos, viviendo donde él o ella vive, y juntos encontrándonos, buscando y viviendo donde vive Jesús.


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