Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
DESDE LA JMJ 2019
DESDE EL TRABAJO
Siempre nos imaginamos la evangelización en nuestro trabajo deslumbrando y saliendo a hombros. Nunca ocurre así. Cuando llevamos el Evangelio desnudo a nuestros trabajos, donde conocen lo poco que somos, y nos atrevemos a romper las dinámicas existentes suelen ocurrir tres cosas: La primera es que hay gente que se beneficia de la oscuridad, estos te depeñarán en cuanto intentes dar luz. La segunda es que hay gente que sufre la oscuridad, estos son los peores porque han tenido que justificarla durante años para adaptarse a ella, y tu vienes a recordarles su engaño. También te despeñarán. Y luego los demonios (los reales, no los metafóricos), que azuzarán los peores instintos de todos contra tí, porque es lo único que tienen para frenarte. Evangelizar mola cuando predicamos, es horrible cuando Dios nos pide que ejemplifiquemos con nuestra propia vida lo anunciado. Doónde nos conocen, sobran las palabras. Pero hay muchos ojitos cotillas, sentados tras las mesas y mostradores que no pierden detalle de tu vida. Y a veces se nos olvida que en un mundo que sólo ofrece muestras de éxito, de placeres y de evasiones, muchos de nuestros compañeros nos observan con atención porque les gustaría vivir sus cruces como las vive un cristiano.