(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
La mayor crisis que existe actualmente es la falta de amor. Creemos sinceramente que es el problema más grave, el pensar en uno mismo, sin ponerse en la piel de los demás, el darse golpes de pecho, defendiendo determinados comportamientos, determinadas teorías, sin poner amor en nada de lo que hacemos. Y el día que finaliza el año litúrgico, celebramos a Dios en toda su plenitud, con toda su gloria, de rey del mundo, juzgando y preocupándose, no por todo lo que cumplimos, no por las apariencias familiares, no por lo que tiene que ser, no porque los hijos respeten a sus padres, no porque los padres les den a sus hijos todo lo material e inmaterial posible, no porque los esposos pasen mucho tiempo juntos, no, nada de eso, sólo mira, juzga y pregunta, todo un Dios, por el que peor lo pasó, por el que sufrió, por el que lloró, por los más pequeños, por si los amamos, por si estuvimos con ellos, por si les cuidamos. Quisiéramos celebrar en este día el esfuerzo, el amor, la dedicación, la ilusión y la esperanza, de algunos de nuestros familiares, con respecto a sus enfermos, dejando de organizar su vida, para organizarla en torno a una persona, que ni siquiera les agradece la dedicación y el sacrificio que están realizando. Que Cristo, en toda su plenitud, les conceda serenidad y mucha fe, para afrontar esta situación.