(matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana)
En nuestra vida diaria, tratamos de compaginar muchas cosas: nuestra vida familiar, con la laboral; nuestra vida de pareja, con la vida con los hijos; nuestra relación con nuestra “familia más amplia”: padres, tíos, hermanos, sobrinos, etc. Nuestra vida en la comunidad y nuestros “compromisos pastorales”, con nuestra vida familiar también. Son tantas cosas, son tantos frentes abiertos, son tantas historias que demandan nuestra respuesta. Y no es que consideremos que nuestra vida se divide en compartimentos estancos, ni mucho menos, pero sí es fundamental, dedicar tiempos y tiempos de calidad a nuestro matrimonio, a nuestra familia, etc. ¿Cómo combinar todos estos aspectos? ¿Cómo no sentirnos culpables, cuando decimos “no” a una llamada a implicarnos como cristianos en la construcción de otro mundo? Es muy complicado, buscar el equilibrio y descubrir “lo que es del César y lo que es de Dios” o ¿quizás sea la misma cosa?